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El PIB es el Producto Interno Bruto, la producción de bienes y servicios para el consumo final, con la cual se mide el crecimiento de la economía, relacionado con la creación de empleos (para producir alguien debe trabajar) y la generación de ingresos (a quien trabaja se le paga por hacerlo), empleos e ingresos de los cuales depende en buena medida el bienestar de las personas, sobre todo si éste ha de ser el resultado del esfuerzo propio, no de la dádiva gubernamental (que, dicho sea de paso, nunca es realmente gratuita).

Dos son las razones por las cuales el PIB es importante. La primera tiene que ver con la escasez, con el hecho de que no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis. La segunda con el bienestar, con el hecho de que éste depende, en buena medida, del empleo y del ingreso, relacionados con la producción de bienes y servicios.

Una de las condiciones que debe cumplirse para minimizar la escasez, es que se produzca y ofrezca la mayor cantidad posible de bienes y servicios, para lo cual el PIB debe ser el mayor posible, para lo cual la economía debe crecer lo más posible.

Una de las condiciones que debe cumplirse para que se cree la mayor cantidad posible de empleos, y se genere la mayor cantidad posible de ingresos, condiciones necesarias para elevar el bienestar de la gente, es que se produzca y ofrezca la mayor cantidad posible de satisfactores, para lo cual el PIB debe ser el mayor posible, para lo cual la economía debe crecer lo más posible.

Tengamos en cuenta todo lo que depende del crecimiento de la economía, que se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios: minimizar la escasez, crear empleos, generar ingresos, bienestar. Es por ello que conviene que la economía crezca lo más posible, crecimiento que depende de las inversiones directas, que son las que se destinan a producir bienes y servicios, a crear empleos, a generar ingresos; que dependen de la confianza de los empresarios para invertir directamente, que depende de que haya Estado de Derecho, es decir, reconocimiento pleno, definición puntual y garantía jurídica de los derechos a la libertad individual para producir, ofrecer y vender, y a la propiedad privada sobre los medios de producción necesarios para poder producir, ofrecer y vender.

Creer que puede haber bienestar sin crecimiento, como si no hubiera ninguna relación entre los dos, o peor, creer que hay que elegir entre crecimiento o bienestar, como si fueran excluyentes, es un error que, si se traduce en políticas económicas, puede frenar el crecimiento y limitar el bienestar, precisamente lo que ha pasado en México.

¿Cómo anda el comportamiento del PIB, y por lo tanto del crecimiento, en México?

En 2021 la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, PIB, creció 5.0 por ciento: 2.6 el sector primario (ganadería, agricultura, silvicultura, pesca, caza, etc.); 6.8 el secundario (industria); 4.2 el terciario (servicios), siendo éste el segundo mayor crecimiento de la economía mexicana en lo que va del siglo XXI. El mayor se logró en 2010, 5.1 por ciento.

Para darnos una idea de lo que este crecimiento significa, tengamos en cuenta que entre 2001 y 2018, antes de que en 2019 se iniciara la recesión, que se profundizó en 2020, y que comenzó a ceder en 2021, el crecimiento promedio anual de la economía mexicana fue 2.5 por ciento. En 2021 el crecimiento fue el doble, 5.0 por ciento, pero no fue el resultado del dinamismo de la economía, sino del Efecto Rebote, como también lo fue el crecimiento del 5.1 por ciento del 2010.

En 2009, consecuencia de la Gran Recesión, la economía mexicana decreció 5.3 por ciento. Al año siguiente creció 5.1 por ciento, consecuencia del Efecto Rebote: dado que el punto de comparación, la recesión del 2009, fue tan bajo, no resultó difícil tener un buen resultado en 2010.

Algo similar pasó en 2020 y 2021. En el primer año, consecuencia de la conjunción de los efectos 4T y Covid, la economía mexicana decreció 8.3 por ciento (el mayor decrecimiento en lo que va del siglo XXI). En el segundo, consecuencia del Efecto Rebote, creció 5.0 por ciento: dado que el punto de comparación, la recesión de 2020, fue muy bajo, no resultó difícil lograr un buen resultado en 2021, consecuencia, no del dinamismo de la economía, sino del Efecto Rebote.

Si analizamos, comparando cada trimestre con el trimestre anterior, el comportamiento del PIB en 2021 tenemos lo siguiente: primer trimestre, menos 2.8 por ciento; segundo, más 19.6 (consecuencia del Efecto Rebote, ya que el segundo trimestre de 2020 decreció 18.9 por ciento, habiendo sido el punto de comparación muy bajo); tercero, más 4.6; cuarto, más 1.1, números que muestran, después del Efecto Rebote del segundo trimestre, la pérdida de dinamismo de la economía. Todo indica que, en el mejor de los casos, después de la última recesión, volveremos a la normalidad, a un crecimiento promedio del 2.5 por ciento.

Según la media de las 38 respuestas recibidas por el Banco de México, en la más reciente encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, la economía mexicana crecerá, en los próximos diez años, en promedio anual, 2.2 por ciento, crecimiento insuficiente para lograr lo que verdaderamente importa, un mayor bienestar para los 56 millones de mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza, una verdadera vergüenza.

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