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Hay quienes parten de la premisa que establecer un libre comercio con un país de mayor desarrollo y poder económico significa perder. Cuando se discutió entre legisladores y académicos mexicanos el establecimiento del Tratado de Libre Comercio se alzaron voces que predecían que en ese tratado el perjudicado sería México.

Lo ideal para esos críticos es asociarse con países del mismo nivel de desarrollo económico, lo cual es difícil de lograr y encontrar.

Para explicar a mis alumnos de la clase de economía política qué país se beneficia cuando hay desigualdad de desarrollo entre ellos en un tratado de libre comercio, acudo a un ejemplo que llamo la teoría del popote y de los vasos comunicantes.

En la teoría del popote, cuando hay comunicación entre tres países, el que obtiene más beneficios es el de mayor capacidad económica. Absorbe recursos de los que tienen menos, los empobrece. Esa tesis es falsa, su falsedad queda de manifiesto con el ejemplo de los vasos comunicantes. Si tenemos tres vasos que se comunican mediante un tubito con una pequeña llave, las cerramos y les ponemos agua en diferentes cantidades. A uno lo llenamos hasta las tres cuartas partes de su capacidad, a otro a la mitad y al tercero a una cuarta parte.

Cuando abrimos la comunicación, el vaso más lleno pasa agua a los menos llenos y tenderán a igualarse los niveles. Aunque no todas las variables son iguales entre los países y los vasos comunicantes, si hay una enseñanza por la similitud de quien se beneficia con el intercambio entre varios países con diversas capacidades económicas.

En México tenemos dos fronteras, una al norte con un país, EUA, que tiene un PIB por habitante 7.6 veces mayor al de México, y la del sur, con Guatemala, cuyo PIB por habitante es 1.8 veces menor al de México.

En esas fronteras la que incentiva más la inversión y el crecimiento es la del vecino más desarrollado, más rico que nosotros, no la del menos desarrollado.