En busca del crecimientoComentarios al libro. El economista William Easterly, actualmente profesor de Economía en la Universidad de Nueva York y durante 16 años Senior Advisor del Banco Mundial, participó en programas para ayudar a salir de la miseria e incentivar el crecimiento en varios países de África, Asia y América Latina.
Las experiencias de casi toda una vida de tratar de ayudar “oficialmente” a los pobres lo llevó a escribir un libro, que puso en evidencia el porqué muchas fórmulas del crecimiento no han funcionado. También explica porqué las ayudas millonarias de organismos internacionales para estimular la inversión en maquinaria y en conocimientos en países subdesarrollados, tampoco se reflejaron en un crecimiento económico.


Dice el profesor Easterly sobre las dos formas de ayudar a los pobres:
Existen dos maneras cómo los pobres pueden mejorar su situación: se puede redistribuir el ingreso de los ricos hacia los pobres o se puede, con el crecimiento, aumentar tanto el ingreso de los pobres como el de los ricos. Los resultados de Revallion y Chen y de Dollar y Kraay sugieren que, en promedio, el crecimiento ha ayudado a los pobres más que la redistribución.
Durante muchos años las teorías y los modelos matemáticos del crecimiento (Harrod-Domar y Rostow) indicaban que si se quería alcanzar un determinado nivel de crecimiento en los países subdesarrollados era necesario complementarles su ahorro para que los niveles de inversión fueran suficientes y pudieran alcanzar altas tasas de crecimiento para salir del subdesarrollo. Basado en datos y experiencias William Easterly demuestra que los créditos y ayudas del Banco mundial para incrementar la inversión y el crecimiento no dieran los resultados deseados.
Easterly da ejemplos donde el Banco Mundial prestó dinero a gobiernos africanos para construir fábricas y complementar la brecha de inversión, teóricamente necesaria para incrementar el crecimiento, sin resultados. A los pocos años esas fábricas, como también sucedió en México en los años 70 y 80 y en otros países subdesarrollados con las inversiones canalizadas por el gobierno, fueron abandonadas.
Easterly demuestra con varios ejemplos y estadísticas que la inversión inducida por organismos internacionales no se reflejó en un mayor crecimiento económico. Muchas de esas inversiones “oficiales”, como sucedió en varios países iberoamericanos, fueron en realidad gasto, aunque oficialmente se presentaran como inversiones.
La educación en principio es inversión en capital humano. En las clases de economía se enseña que los niveles de educación son un factor determinante para el crecimiento. Entre mayor grado de educación se alcance en un país, se tendrá -aceptan casi todos los economistas- un mayor crecimiento económico.
En su peregrinar por los países subdesarrollados y con una amplia documentación que lo demuestra, Easterly concluye que:
La respuesta del crecimiento a la dramática expansión de la educación durante las cuatro últimas décadas ha sido indudablemente decepcionante. El fracaso del crecimiento educativo patrocinado por el Estado se debe, una vez más, a ignorar nuestro lema: la gente responde a los incentivos. Si los incentivos para invertir en el futuro no están presentes, de poco vale expandir la educación.
En México yo corroboré, como presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública en la Cámara de Diputados (2001-2003), que una proporción importante del gasto educativo se destina a una burocracia improductiva o a universidades donde la mayor parte de sus alumnos no terminan los estudios o si terminan se dedican a actividades diferentes a las que aprendieron durante cinco años de estudios, que a ellos casi no les costaron nada, pero sí a la sociedad.
Dice Easterly:
¿Cuál ha sido la respuesta del crecimiento económico a la explosión educativa? He aquí la respuesta: poco o nada. La falta de relación entre el crecimiento de la escolaridad y el crecimiento del PIB se ha observado en varios estudios. La falta de crecimiento en África, a pesar de la explosión educativa, llevó a un investigador a preguntarse, “¿Dónde se ha metido toda la educación?”. En este estudio se construyeron series del crecimiento de capital humano (educación) y no se pudo encontrar una relación positiva entre el crecimiento de la educación y el crecimiento del producto por trabajador. (En realidad en algunos ejercicios se encontró una relación negativa estadísticamente significativa).
Ante los escasos resultados de los préstamos para invertir en fábricas o en escuelas, los organismos internacionales pensaron que controlando la población podían ayudar al crecimiento.
Dice el profesor Easterly:
El reconocimiento tardío que la falta de incentivos para crecer puede ser el responsable de la decepcionante respuesta a la acumulación de máquinas y de escolaridad, llevó a la comunidad internacional a contemplar otra idea: controlar el crecimiento de la población para así economizar en máquinas y escuelas.
En cuanto al crecimiento de la población afirma:
El estado del conocimiento entre los economistas indica que no existe evidencia que muestre que el crecimiento de la población afecte el crecimiento per cápita en una u otra dirección...Parece claro que el crecimiento económico depende de una serie de factores que no tienen nada que ver con el crecimiento de la población.
Según Easterly, los controles de la población son responsables en parte de las crisis que atraviesan los sistemas de pensiones:
La razón principal de los problemas financieros de la seguridad social en los países ricos es la disminución del crecimiento de la población, lo cual ha reducido la proporción entre el número de trabajadores que son contribuyentes y el número de jubilados que reciben sus pensiones.
Para Easterly más que controlar la población hay que incentivar el desarrollo:
El desarrollo por sí mismo es un anticonceptivo mucho más eficaz que el dinero para preservativos.
En cuanto a la producción de alimentos da datos interesantes:
Mientras la población mundial aproximadamente se duplicaba entre 1960 y 1998, la producción de alimentos se triplicó, tanto en las naciones ricas como en las pobres. En lugar de encontrarnos con una mayor escasez de alimentos, ha ocurrido que los precios de los alimentos han bajado casi a la mitad durante las últimas dos décadas.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se dieron cuenta que sin reformas que tendieran al equilibrio presupuestal y controlaran la inflación, era difícil un crecimiento duradero en los países subdesarrollados; por lo que condicionaron los préstamos a programas de ajustes de gastos y déficit. Lo que pasó, dice Easterly, es que casi ningún país que recibió préstamos condicionados a los ajustes los realizó.


Dice Easterly:
Un Gobierno que es irresponsable antes de recibir un préstamo de ajuste tiene los mismos incentivos para continuar siendo irresponsable después del préstamo. Solamente la sustitución de un mal Gobierno por un buen Gobierno podría hacer que cambiase la política económica del país. Un Gobierno irresponsable que no se corrige se esforzará en hacer ver que se está ajustando, sin hacerlo en realidad. Aun cuando los donantes exijan, por ejemplo, la reducción del déficit fiscal, el Gobierno irresponsable tendrá todos los incentivos para llevar una contabilidad creativa que permita evitar el verdadero ajuste.
Gobernantes de los países ricos, organismos internacionales y personajes reconocidos mundialmente, entre ellos el Papa, expresaron que una forma de ayudar a los países pobres era perdonándoles las deudas.
Easterly aporta datos empíricos para demostrar que ninguno de los países a los que se les perdonó la deuda redujeron sus niveles de pobreza ni incentivaron el crecimiento:
Al cabo de dos décadas de reducción de la deuda y de estar concediendo financiación cada vez más barata, un número más elevado de países se califican como altamente endeudados…
El problema del alto endeudamiento persistente puede simplemente reflejar la existencia de “Gobiernos irresponsables” que continúan siendo irresponsables después de que se les perdona la deuda...
Cualquier condonación de deuda traerá como resultado un nuevo endeudamiento por parte de los Gobiernos irresponsables hasta hipotecar el futuro de su país en el mismo grado que antes. La condonación de la deuda será en este caso una fútil panacea; no sólo será ineficaz para estimular el desarrollo sino que ni tan siquiera servirá para reducir la carga de la deuda...
Sin cambios en el comportamiento de un Gobierno, las agencias oficiales de crédito no deben seguir cerrando su déficit financiero. El concepto mismo de déficit financiero debe eliminarse, de una vez por todas, puesto que ha creado incentivos perversos a continuar aumentando el endeudamiento. Aunque los préstamos se hacen y se condonan en nombre de los pobres, los pobres no se benefician de que se generen incentivos para aumentar el endeudamiento.
Easterly admite que es más fácil describir lo que salió mal que recomendar lo que se debe hacer bien; sin embargo, no es pesimista. Concluye en su interesante estudio:
En una sociedad democrática con instituciones que protegen los derechos de las minorías, con instituciones que protegen los derechos de la propiedad privada y de las libertades económicas individuales, los Gobiernos tendrán los incentivos adecuados para promover el crecimiento del sector privado...
El libro de Easterly es una lectura importante para todo aquel funcionario o economista que se preocupa realmente por encontrar verdaderos caminos para el crecimiento. También nos ayuda a no presentar nuevamente como solución en el siglo XXI los programas y políticas que no dieron resultados en el siglo XX.