El campo y el TLCDespués de 14 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, se abren en el 2008 productos que todavía estaban fuera de ese mecanismo: maíz, frijol, azúcar y leche en polvo. La mayoría de los productos agrícolas ya entraron en el TLC en años anteriores; por lo tanto, más allá de ideologías, intereses gremiales y partidarios, podemos hacer un análisis de los beneficios del libre comercio en el campo.

En los 14 años de vigencia del TLC, el PIB agropecuario creció en promedio anual el doble que en los 10 años previos al TLC. El valor de las exportaciones de las hortalizas, plantas, raíces y tubérculos del campo mexicano hacia EUA y Canadá es mayor a la suma de las importaciones de leche, trigo, maíz y azúcar de esos países.



La miseria del campo mexicano es anterior al Tratado de Libre Comercio y se debe fundamentalmente a una reforma agraria que durante 75 años generó inseguridad y evitó la capitalización del agro, aunque enriqueció a líderes que, a la sombra de esa reforma y de los subsidios al campo, obtuvieron enormes tajadas del presupuesto y escalaron puestos políticos. La reforma agraria y las críticas al TLC también han sido alimentadas por una izquierda obsoleta, que todavía tiene las riendas del principal partido de izquierda.

Quienes afirman que el libre comercio perjudicará a millones de pequeños productores de maíz mienten, pues muchos de ellos ya abandonaron sus tierras y se encuentran subempleados en las grandes ciudades de México o como ilegales en los Estados Unidos. La apertura de granos básicos con Estados Unidos ya no puede empobrecer más a los pequeños productores, quienes han sido utilizados por liderzuelos y dogmáticos para fines políticos; pero la apertura, si hay paz y seguridad en el campo, puede incentivar fuertes inversiones en semillas básicas para lograr la autosuficiencia en maíz y generar cambios que nos lleven a una producción más moderna y eficiente de granos.

Al analizar los grupos que protestan contra la apertura de granos, la mayoría no son de campesinos, sino de profesionales de las protestas e integrantes del PRD. Como dato curioso, dos de las figuras actuales más importantes del PRD, Manuel Camacho Solís, en su carácter de Secretario Relaciones exteriores y Marcelo Ebrard, como Subsecretario de Relaciones Exteriores en el gobierno priísta del Presidente Carlos Salinas, fueron los que oficialmente legitimaron el TLC en 1993.