alcoholismo y déficitEl antidepresivo más antiguo es el alcohol. Desde tiempos inmemorables  el hombre utiliza esa bebida en diferentes modalidades para superar o sobrellevar la soledad, la angustia, la frustración, los miedos, los traumas, las inseguridades, las dificultades sexuales y las financieras.

El licor, como antidepresivo, sólo ayuda a disfrazar los problemas y posteriormente se convierte en el principal conflicto de quien trató de solucionar sus males con la bebida. El alcohólico termina sólo, inservible sexualmente, sin trabajo ni patrimonio. A pesar de esas evidencias, constatadas por millones, hay muchos que piensan que pueden utilizar la bebida y dosificarla, cual si fuera medicina, para palear sus problemas.

El déficit presupuestal, un gasto público por arriba de los ingresos propios del gobierno, tiene una historia parecida al alcohol. Es un antidepresivo económico. A corto plazo disfraza el desempleo, la pobreza, el bajo crecimiento y da la sensación, al igual que el alcohol en sus primeras etapas, de superar la recesión o depresión.

Posteriormente llegan los efectos perversos o cruda: estanflación o inflación con desempleo, devaluaciones, aumentos en los intereses, salidas de capitales y crisis. Hay quienes toman dosis mayores para superar las caídas previas. Las etapas de euforias y crisis se vuelven crónicas y se salen de control, aunque quien usa esas drogas generalmente dice que las puede dominar.

Las emisiones monetarias y los endeudamientos para cubrir los déficit generan aumentos de precios que hacen añicos los salarios y los ahorros de la mayoría de los ciudadanos de la clase media y humilde, en cuyo nombre muchos gobernantes se inician en el camino del déficit.

No hay en la historia ningún ejemplo de alguien que haya superado sus  problemas personales con el alcohol. Tampoco existe el caso de un país que haya vencido la miseria, creado más empleos permanentes o reducido las diferencias de ingresos por la vía del déficit presupuestal.

Aunque esas drogas pueden ayudar a ganar a corto plazo popularidad, una elección o a pasar una buena noche de juerga, los efectos negativos superan con creces los efímeros auges alcanzados. Los estímulos temporales del alcohol y el déficit, además de engendrar graves desequilibrios al cuerpo humano y a un país, causan adicción.

GASTO PÚBLICO Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

El presupuesto de egresos del gobierno es un factor importantísimo para aumentar, disminuir, incentivar u obstaculizar los ingresos y gastos de las familias. Directa o indirectamente, cada ciudadano es impactado positiva o negativamente por el gasto público y las maneras de financiarlo.

Durante el siglo pasado una corriente muy importante de teóricos de la economía pensaron que el gasto público podría ser un instrumento para redistribuir el ingreso, incentivar el crecimiento y crear empleos.

Las teorías de Lord Keynes, uno de los economistas que más influenció  en la elaboración de los presupuestos gubernamentales de las últimas cuatro décadas del siglo pasado, fueron acomodadas para trasmitir recursos de ricos a pobres y reactivar economías.

Acorto plazo parecían funcionar esas teorías. A través de un mayor  gasto público, sin importar mucho los medios para financiarlo, se podían hacer más obras, crear más empleos, ayudar a los necesitados y crear una mayor actividad económica. La fórmula parecía funcionar: más gasto, mayor bienestar familiar.

Las discusiones académicas sobre esas políticas económicas eran interminables, pero a corto plazo daban dividendos políticos y aumentaban la popularidad de los gobernantes que las aplicaban. En algunos países las primeras consecuencias negativas de esas políticas fueron atribuidas a otras causas.

El aumento de precios se le imputaba a la ambición desmedida de los comerciantes. Las devaluaciones, a la especulación o a la falta de patriotismo de los empresarios. Las soluciones propuestas por varios gobiernos para controlar esos males económicos fueron controles de precios y de cambios, políticas que generaron desequilibrios más graves de los que trataban de solucionar.

Tuvieron que pasar varias décadas y  repetitivas crisis económicas, principalmente en los países Iberoamericanos, para que con base en experiencias empíricas y datos históricos, quedara claro a la comunidad académica y a los gobernantes responsables, que el mayor gasto público, cuando su financiamiento es deficitario, empobrece a la mayoría de las familias y redistribuye negativamente el ingreso.

ORDEN MAGRO ¿A QUIÉN BENEFICIA?

Es frecuente escuchar a políticos y analistas decir que el orden macroeconómico no se refleja en los bolsillos de la población. Esa afirmación es equivalente a afirmar que la salud no se refleja en una mayor felicidad de quien la tiene.

La salud no significa que uno sea feliz, pero enfermo es más difícil lograr serlo. El orden macroeconómico por si sólo no implica que todos serán ricos ni automáticamente habrá mayores crecimientos, pero en su ausencia es más difícil que los pobres salgan de pobres y los logros alcanzados, como un mayor crecimiento y empleo, son efímeros.

El orden macroeconómico significa una inflación reducida, bajos intereses y estabilidad monetaria en un entorno de libertad de precios y cambiaría, pues con controles de precios y de cambios se puede dar la impresión de orden macro temporalmente, pero con fuertes desequilibrios posteriores.

Para lograr un orden macroeconómico es indispensable un equilibrio en las finanzas públicas, lo que implica un gasto, que no genere impresión de dinero o incontrolables deudas internas y externas.

La experiencia en casi todo el mundo en las últimas cinco décadas es que  aquellos países que mantuvieron por largos períodos un orden macroeconómico lograron una mejor distribución del ingreso, redujeron el número de pobres y los proyectaron hacia una clase media.

Suiza no se ha caracterizado por espectaculares crecimientos, pero sí por largos períodos de orden macro, los resultados están a la vista. En Iberoamérica ha habido períodos de altos crecimientos sin orden macro, como en Brasil. En ese país sufren una de las mayores brechas entre ricos y pobres.

En el caso de México, el orden macro observado en los últimos años, a  pesar de un entorno de bajo crecimiento mundial, logró reducir el número de los extremadamente pobres, aumentar los salarios reales de los trabajadores y permitir a millones de familias tener acceso a casas, automóviles y artículos para el hogar a mayores plazos y a menores intereses que en las décadas anteriores.

El orden macro, aunque no es la panacea, es un requisito para conservar el valor del salario y de los ahorros de quienes no tienen los conocimientos ni la capacidad económica para especular en los desórdenes macroeconómicos.

ALGUNAS CONSECUENCIAS DEL DÉFICIT PRESUPUESTAL

1°.- Aumento generalizado de precios, debido a las emisiones monetarias para financiar el déficit.

2°.- Aumento de las tasas de interés, debida a la demanda de dinero por el gobierno para financiar el déficit.

3°.- Devaluación, debida a una inflación interna mayor a la de los socios comerciales y a la demanda de divisas por parte del gobierno para enfrentar sus deudas en moneda extranjera.

4°.- Pérdida del poder adquisitivo de los salarios, debido a la inflación interna generalizada por el déficit.

5°.- Reducción de los ahorros reales de la clase media y humilde, que mantienen importantes saldos en efectivo, debido a la inflación generalizada por el déficit.

BENEFICIOS DE MANTENER LAS FINANZAS PÚBLICAS EQUILIBRADAS

1. - Reducen la inflación.

2. " Incentivan el ahorro, al mantener  baja la inflación.

3. " Liberan recursos para la inversión privada, al mantener baja la demanda de dinero por parte del go­bierno.

4. - Reducen la tasa a la que se presta a las empresas.

5. - Contribuyen a la estabilidad cambiaría.

6. - Reflejan el verdadero costo del gobierno.

7. " Inducen a la austeridad presupuestal.

8. - Coadyuvan al incremento de los salarios reales.

9. - Ayudan a reducir las diferencias de ingresos entre ciudadanos.

10. - Generan expectativas de estabilidad y segundad a largo plazo

11. - Estimulan la inversión nacional y extranjera y, por lo tanto, el crecimiento económico y la creación de empleos duraderos