déficit y destrucciónLuis Pazos(*)

Hay analistas que responsabilizan al esfuerzo del actual gobierno de eliminar el déficit presupuestal y reducir la inflación, del bajo crecimiento económico. Esas voces afirman que el gobierno debería relajar la lucha contra la inflación y permitir un mayor déficit presupuestal para incentivar la economía y alcanzar mayores crecimientos.

La experiencia de las últimas décadas, más allá de discusiones ideológicas, nos enseña que no existe ninguna relación directa entre un mayor gasto público y un mayor crecimiento económico sostenido o entre incrementar el déficit presupuestal y una reactivación duradera de la economía. Tampoco hay sustento empírico para sostener que buscar un equilibrio presupuestal implique menores crecimientos.

La estabilidad no es un obstáculo a mayores crecimientos, pero buscar crecimientos sin conservar la estabilidad, empeora la distribución del ingreso y acumula presiones que culminan en fuertes desequilibrios económicos.Una estabilidad sin crecimiento de poco ayuda a la mayoría de la sociedad, pero un crecimiento sin estabilidad es fugaz, inequitativo y contraproducente a mediano y largo plazo.

El crecimiento económico debe ser el objetivo fundamental de un gobierno y la estabilidad un medio para lograrlo en forma sana y permanente. Crecimiento y estabilidad no son excluyentes, sino complementarios. Culpar a la estabilidad macroeconómica de un bajo crecimiento es ignorar que un mayor crecimiento duradero no se logra sin estabilidad económica.

En el caso de México, la postergación de reformas laborales, fiscales, energéticas y en las pensiones, ha impedido mantener una competitividad a nivel de nuestros principales competidores comerciales en un mercado globalizado, lo que se ha traducido en menores niveles de inversión, empleo y crecimiento.

Es importante que nuestros políticos, empresarios, comunicadores, gobernantes y legisladores, tengan claro los peligros que implica recurrir a un mayor gasto gubernamental y déficit presupuestal para tratar de estimular la economía y crecer. El crecimiento sano y duradero no se logra con déficit ni gastos, sino vía estabilidad, desregulación, reformas estructurales y un entorno jurídico que garantice el orden, los derechos de propiedad y una justicia expedita.

Una sociedad crece realmente cuando producen más sus miembros, no cuando gastan más sus gobernantes.Un estudio del Fondo Monetario Internacional, que comprende 39 países, de los años 1990 al 2000, muestra que “en promedio, el ajuste fiscal no fue obstáculo para el crecimiento” y que “el crecimiento aumenta conforme se logra superávit presupuestario”.“si los niveles de deuda pública son altos –dice el estudio- el incremento del déficit presupuestario puede dar lugar a un descenso de la inversión y el consumo privado, anulando el efecto de un aumento del gasto público o de una reducción de impuestos en la demanda agregada” (1).

Basta observar lo que ha sucedido en los últimos años en Estados Unidos para comprobar que el déficit presupuestal, aún en los países ricos, más que estimular el crecimiento, eleva las tasas de interés, genera desbalances entre gasto y ahorro, entre importaciones y exportaciones y a mediano y largo plazo reduce el crecimiento.

Algunos países, como China, crecen más con el déficit presupuestal del gobierno de los EUA, pues se traduce en mayores importaciones de ese país. Los países pobres y endeudados, como la mayoría en Iberoamérica, crecen menos al aumentar los intereses de sus deudas.

En los Estados Unidos el déficit presupuestal no es ejemplo de un crecimiento sostenido. De 1997 al año 2000, en el gobierno de Clinton, se observó un superávit presupuestal promedio de 0.5%, con un crecimiento del PIB del 4.2% promedio anual. En el gobierno de Bush, del 2001 al 2004, se cayó en un déficit presupuestal del -3.1% promedio anual, con el crecimiento promedio anual del 2.5%. Esos datos nos demuestran que, aunque el balance de las finanzas públicas no es el único factor que influye en el PIB, la economía de Estados Unidos creció más en tres años con superávit que en los siguientes tres años con déficit presupuestal.

Los fugaces crecimientos vía gasto público pueden beneficiar a algunos grupos económicos, a los especuladores o ayudar a un partido en el poder a ganar unas elecciones, pero al poco tiempo ese gasto deficitario reduce salarios reales y aumenta los intereses de los créditos para la inversión empresarial, la compra de casas y de automóviles.

Es falso el dilema entre estabilidad o crecimiento. Si en realidad nos preocupa lograr crecimientos sanos y duraderos, enfoquemos esfuerzos a luchar por la supresión de los obstáculos legales y estructurales que impiden crecer a México a mayores niveles.

LA DESTRUCCIÓN ¿REACTIVA LA ECONOMÍA?

Las inundaciones en varias ciudades en el Estado de Louisiana, Estados Unidos, y en varios estados de la República Mexicana, generó una mayor demanda en algunos sectores de la economía. Las acciones de las empresas cementeras aumentaron y los pedidos de ciertos bienes de consumo se dispararon.