50 compromisos del PRDIsaac Katz (*)

Como el Sr. López insiste en que quiere ser presidente, analizaremos algunos de sus “50 compromisos”, una serie de buenos deseos, pero que en su mayor parte están llenos de inconsistencias, muchos de ellos imposibles de cumplir. Como cualquier político en busca del favor de los electores, pero muy particularmente en el caso de un populista como lo es el Sr. López, “prometer no empobrece”, más aun cuando el público al cual dirige este tipo de propuestas carece de los conocimientos necesarios para hacer un análisis riguroso y se dejan llevar, en muchas ocasiones, por el puro “glamour” del personaje. Lástima que el Sr. López no sea un personaje de un comic, porque si ese fuese el caso, nos podríamos reír de sus ocurrencias, pero como no es así, es preocupante la falta de un análisis económico serio de su parte y, en consecuencia, de lo hueco y peligrosas que son sus propuestas. Empecemos por la parte fiscal.

Promete que no se incrementarán los impuestos en términos reales ni habrá nuevas contribuciones, además de que no se gravarán con el IVA las medicinas y alimentos, prometiendo además enfrentar la evasión. Primer comentario: una causa significativa de la evasión y elusión que existe se debe precisamente a las tasas diferenciales del IVA, de forma tal que persistir con el esquema tributario actual haría prácticamente imposible aumentar la recaudación sin incrementar las tasas impositivas. Propone además, simplificar el pago de impuestos, a lo cual cabe el segundo comentario: en la actualidad es tan complicado pagar impuestos, por los innumerables mecanismos de control establecidos por las autoridades hacendarias debido, precisamente, a lo mal diseñado del esquema tributario que facilita la evasión; por ello, es prácticamente imposible simplificar el pago de impuestos para las empresas sin una profunda reestructuración del sistema tributario, entre lo que destaca la homologación del IVA. Tercer comentario: unos de los principales evasores son los que trabajan en la informalidad, quienes se han constituido como una de sus principales fuentes de apoyo político; ¿irá en contra de ellos?, ¿podrá reducir la evasión sin eliminar las innumerables trabas legales y burocráticas a la creación y operación de empresas, sabiendo que casi cualquier político de izquierda ama este tipo de controles debido a que no cree en los mercados como el mecanismo más eficiente de asignación de recursos?

Siendo difícil aumentar significativamente la recaudación de impuestos sin una reforma tributaria, la pregunta es cómo financiaría todos los programas de gasto a los que se comprometió, una larga lista de “dulces” que el “ogro filantrópico” quisiera repartir. El Sr. López menciona tres fuentes de ahorro en el gasto público: quitarle las pensiones a los ex – presidentes, la reducción a la mitad del sueldo del presidente y de otros altos funcionarios públicos y la instrumentación de una política de austeridad en el aparato burocrático para ahorrar, según él, 100 mil millones de pesos anuales. Suena atractivo, pero no resuelve en lo más mínimo el problema estructural de las finanzas públicas, sobre todo al considerar la enorme presión que representan las pensiones del sector público, los Pidiregas, la deuda del rescate bancario, etc., a lo cual habría que agregarle todos los programas de gasto adicional a los que se comprometió. Caben, además, los siguientes comentarios. Primero, quitándole las pensiones a los ex – presidentes, habría un ahorro de un poco menos de 20 millones de pesos anuales, equivalente al 0.00001% del presupuesto público federal para este año; ridículo. Segundo, reduciendo a la mitad el sueldo de los altos funcionarios del sector público federal, difícilmente podrá atraer gente lo suficientemente capacitada para administrar las secretarias de estado y todos los organismos públicos, por lo que la calidad de la administración pública federal, de por sí ya mala, sería peor aun. Tercero, reduciendo los sueldos de los funcionarios públicos genera el incentivo para que estos se corrompan. Cuarto, si no se reduce el aparato burocrático encargado de administrar toda la enorme cantidad de regulaciones y programas inútiles y distorsionantes que ya existen, más los que él crearía, simplemente no habría forma de lograr el ahorro prometido. Por consecuencia, sin tener recursos adicionales, la única forma de gastar en todo lo que prometió, es incurrir en un mayor déficit fiscal, a pesar de que prometió no hacerlo. Todo resulta ser muy inconsistente.

El regreso a las políticas económicas de los 70

El Sr. López se comprometió a universalizar la pensión mensual a todos los adultos mayores de 70 años, sin siquiera consultar con CONAPO las proyecciones de tendencia demográfica. En éstas se estima que en el próximo año habrá 3.7 millones de individuos en este grupo poblacional y que para el 2012 estos ascenderán a 4.7 millones de personas. Dándoles a cada uno de ellos una pensión mensual de 700 pesos, el gasto anual en el 2006 ascendería al 31% de los 100,000 millones de pesos que dijo se ahorraría con sus programas de austeridad, ascendiendo este porcentaje al 40% hacia el 2012, lo cual lo hace obviamente no financiable dados sus otros compromisos de gasto público en nuevos proyectos, más los que ya existen. Además, su ocurrencia tiene el mismo problema que en el D. F.: no distingue entre quienes sí necesitarían tal transferencia y quienes no.

Por otra parte, se compromete a garantizar que el salario mínimo aumentará por arriba de la inflación. El Sr. López desconoce que el gobierno no puede fijar las variables reales de la economía, que éstas se determinan por las condiciones de los mercados, de forma tal que si el gobierno decreta aumentos de salarios nominales por arriba de la inflación y éste no está validado por una mayor productividad de los trabajadores, el resultado es una aceleración de la inflación y/o un mayor desempleo y subempleo. Esta condición de ganancias en la productividad que permitiría el incremento de los salarios reales, difícilmente se va a lograr cuando en ninguno de sus compromisos se mencionan aquellos que harían más eficiente a la economía mexicana y sí, por el contrario, tiene varios que la harían más improductiva, destacando su oposición a una reforma energética que permita una mayor participación del sector privado y la mayor burocratización para administrar todos los programas de apoyo que se le ocurrieron.

En sus ocurrencias, destaca que en ninguno de sus proyectos de infraestructura se hace siquiera el cuestionamiento sobre la rentabilidad social de los mismos. Por ejemplo, ¿para qué se quiere un tren bala hacia la frontera con Estados Unidos? Obviamente, por las características orográficas de México este tren no podría ser utilizado para el transporte de mercancía, solo de personas; ¿sería entonces un tren para que los emigrantes llegaran más rápido a la frontera? ¿No sería mejor utilizar estos recursos para mejorar la infraestructura de transporte del sureste de la República, zona que está muy aislada del resto del territorio? ¿O esta propuesta no es aceptable ya que modificaría los usos y costumbres de los pueblos indígenas, mismos que son sagrados? ¿Y qué de la genial ocurrencia de hacer de las Islas Marías un parque de ecoturismo infantil? ¿Cuánto costaría, quién lo usaría, cuánto presupuesto público se requeriría para subsidiar a los asistentes, cómo llegarían allí (quizás a través de una vía rápida de dos pisos desde Tepic)?

Otro de sus compromisos fue que mejoraría la atención en el IMSS y en el ISSSTE. Obviamente ni siquiera consideró que el deterioro experimentado en ambas instituciones se deriva, además de por un problema estructural de incentivos perversos que castigan la eficiencia, a que en ambos casos una parte creciente de su presupuesto se destina a pagar las pensiones de sus empleados, un sistema de pensiones que está quebrado y que representa, en valor presente, más del 120% del PIB. ¿Puede mejorar la atención sin arreglar las pensiones o pensará darles más presupuesto? ¿Le quitaría las enormes prebendas a los sindicatos, particularmente al del IMSS? ¿De dónde sacaría los recursos adicionales si se opone a una reforma tributaria? Incongruencias.

Sus compromisos en materia educativa (unas joyas del populismo)

Es de todos sabido que altos niveles de escolaridad y una buena calidad de la educación se constituyen como uno de los principales determinantes del desarrollo económico de cualquier país. En ese sentido, en México, los resultados no han sido buenos, por el contrario han sido bastante malos: la escolaridad media sigue siendo muy baja (menor a la secundaria completa) mientras que la calidad del servicio educativo que se imparte en la mayor parte de las escuelas, particularmente las gubernamentales, es pésima a tal grado que en los exámenes internacionales de evaluación de la educación en los países miembros de la OCDE, los alumnos mexicanos invariablemente terminan en último lugar. Este práctico fracaso del sistema educativo nacional obviamente ha tenido consecuencias negativas sobre el desarrollo económico: menor productividad de los trabajadores, menor tasa de cambio tecnológico, menor inversión nacional y extranjera, menores índices de salud, etc. A partir de ello, es bienvenida la preocupación del Sr.

López por mejorar la calidad de la educación en nuestro país; lástima que sus ocurrencias al respecto carecen de sentido y no generarían prácticamente ningún impacto positivo sobre la calidad de la educación, mientras que sí sería un enorme derroche de recursos. Veamos tres de sus ocurrencias.

Se compromete, primero, a incrementar la calidad de la educación. El problema es que no se compromete a ir al fondo del problema estructural que aqueja al sector educativo nacional que resulta en la baja calidad observada: falta de competencia en el sistema educativo gubernamental, falta de rendición de cuentas y una errónea asignación de recursos públicos entre los diferentes niveles de educación, por lo que la simple asignación de mayores recursos presupuestarios no sirve. ¿Cómo se va a incrementar la calidad de la educación si los padres no pueden elegir la escuela que desean para sus hijos y tampoco pueden exigir que los profesores rindan cuentas por la calidad de su servicio en las aulas? ¿Cómo mejorar la calidad si el sueldo de los profesores es independiente de su desempeño? ¿Cree él que con regalar paquetes de útiles escolares es suficiente? Es claro que mantener la misma estructura del sistema educativo que ahora tenemos sólo garantiza que la calidad de la educación seguirá siendo dramáticamente mala. ¿Querrá el Sr. López ir en contra de los intereses y prebendas económicas y políticas de los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación a cambio de mejorar la calidad de la educación y la remuneración de los profesores? Compromiso hueco.

Una segunda ocurrencia es que para evitar el rechazo de aspirantes a la educación media superior y superior, se compromete a crear 200 preparatorias y 30 universidades públicas. Sin duda uno de los principales elementos que explican la baja calidad en las universidades públicas es el “pase directo” ya que ello elimina los incentivos para exigirle a los alumnos, en los niveles inferiores, mínimos de desempeño y, simultáneamente, elimina también el incentivo de los propios alumnos para tener un buen desempeño en sus estudios. ¿Si se tiene garantizado el acceso a la universidad, para qué estudiar, para qué esforzarse? ¿No es más fácil presionar o inclusive hasta amenazar a los profesores para obtener la calificación mínima que garantice el “pase directo”? ¿Querrá que los futuros estudiantes universitarios tengan el mismo mediocre desempeño que él tuvo en sus estudios? Con esta ocurrencia queda en evidencia la notoria aversión del Sr. López a la competencia y a la rendición de cuentas, elementos indispensables para garantizar la calidad. Por otra parte, ¿cuánto costaría llevar a cabo semejante ocurrencia y de dónde saldrían los recursos presupuestarios requeridos si se niega a realizar una profunda reforma tributaria?, ¿de quitarle las pensiones a los ex – presidentes?

Una tercera ocurrencia es apoyar la investigación científica para “aminorar la dependencia que se tiene de conocimientos y asistencia tecnológica del extranjero”. Sin quitarle méritos a la importancia de la investigación que se realiza en las universidades, ¿conocerá el Sr. López el concepto de ventajas comparativas o el de complementariedad que existe en la investigación que se realiza en diversas universidades del mundo? Su aversión a todo lo extranjero, en el ramplón nacionalismo que lo caracteriza, lo lleva a pensar que cualquier investigación científica nacional es mejor que la extranjera. Además, ¿cómo la financiaría?

Las mentalidad ocurrente de López

Entre las muchas ocurrencias, que no compromisos del Sr. López, hay unas que de llevarse a cabo representarían un verdadero peligro ya que introducirían una serie de distorsiones en la asignación sectorial de recursos en una economía que de por sí ya está notoriamente distorsionada por toda una serie de leyes y regulaciones gubernamentales mal diseñadas. Peor aun, son una serie de ocurrencias que, a costa del bienestar de los consumidores y de la existencia de mercados competitivos, generarían un esquema de rentas; de ahí que entre algunos seudo – empresarios, que cual becerros les encanta mamar subsidios del presupuesto público, hasta vean con buenos ojos este conjunto de tonterías. Analicemos algunas de ellas; unas son en realidad joyas producto de una mente ociosa o hueca.

Al Sr. López se le ocurrió sembrar un millón de árboles maderables (¿hay de otros?) en Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Campeche para según él crear empleos en estas entidades mismas que, nuevamente según él, son aquellas de donde más gente migra hacia Estados Unidos y, simultáneamente, enfrentar el problema ambiental derivado de la deforestación. Quien sabe en qué estaba pensando cuando se le ocurrió esta joya, pero no cabe la duda de que de ciencias forestales no tiene ni la menor idea. Debería saber que para que sea rentable talar un árbol, dependiendo de su especie, pasan entre 15 y 20 años (o más si se habla de árboles de maderas preciosas como la caoba) y que el que tiene una tasa de crecimiento más rápida es el eucalipto, a costa del deterioro de los nutrientes del suelo. ¿Con eso va a acabar con la pobreza y la migración? ¿Cuánto nos costaría a los contribuyentes semejante ocurrencia?

Otra de sus joyas, reflejo de su mente poco educada pero muy ocurrente, es fomentar la producción agrícola para el autoconsumo. Si hubiese leído un poco sobre la historia agraria y agrícola mexicana en lugar de perder su tiempo leyendo a Marx, a Lenin y a Gramsci, sabría que una de las principales causa de la alta incidencia de pobreza en las zonas rurales se debe, precisamente, a que como resultado de la política socialista de reparto agrario, una parte significativa de los campesinos ahora pobres, a quienes “la revolución les hizo justicia” dotándolos de tierra con una extensión media de entre 3 y 5 hectáreas, sólo pueden producir para el autoconsumo y, en consecuencia, apenas sobrevivir medio año y eso solo si el clima es benigno. A esta ocurrencia hay que agregarle su propósito para evitar que, tal como lo establece el TLCAN, se liberalice la importación de maíz y fríjol, de forma tal que lo que desea es garantizar que cinco millones de familias sigan cosechando su milpa en las 3 hectáreas que tienen y se sigan muriendo de hambre, con un nivel de bienestar ínfimo y sin posibilidades de mejorar.

Una joya más es su ocurrencia de que en tres años México dejará de importar gas y gasolina, prometiendo la modernización de PEMEX. ¿Con qué ojos mi divino tuerto? ¿De dónde va a sacar los más de 20 mil millones de dólares anuales que se requieren solo para poder mantener la plataforma de explotación, ya no se diga invertir en nueva capacidad de refinación, más aun cuando se opone a la participación privada en el sector energético y a una reforma tributaria? Además, promete vender internamente gas, gasolina y energía eléctrica a “precios justos” es decir a precios menores a los costos de producción. ¿Cuánto es un precio justo? ¿Un centavo, un peso, cuanto? ¿Y cuánto nos costará a los contribuyentes el enorme subsidio a los energéticos que él piensa otorgar? Absolutamente incongruente.

Por otra parte, de todas sus ocurrencias, una de las más peligrosas es su propósito de promover el desarrollo de ramas industriales para sustituir importaciones. Para hacerlo, tendría que dar subsidios fiscales y financieros que presionan las finanzas públicas y/o volver a una política comercial proteccionista, tal como existió hasta mediados de la década de los ochenta. Esta política obviamente es notoriamente distorsionante en la asignación de recursos, impide aprovechar las ventajas comparativas que se poseen, crea un sistema de rentas para las empresas “favorecidas, genera discrecionalidad, opacidad y corrupción y, lo más importante, daña significativamente a los consumidores, quienes enfrentan precios más altos y bienes de menor calidad.

Gasto Público y Gobierno

Muchas ocurrencias, muy pocas propuestas serias y una enorme cantidad de vaguedades y de inconsistencias; esos son los 50 compromisos de López. En los aspectos económicos de sus llamados compromisos, prácticamente todos ellos abogan por una participación creciente del gobierno, principalmente a través de un mayor gasto público. López erróneamente cree, como cualquier político de izquierda, que el principal agente promotor del desarrollo económico es el gobierno, asignándole a los agentes privados un papel secundario, subordinado a las “grandes políticas públicas” y a los “grandes objetivos nacionales”.

Al analizar varias de sus ocurrencias, observamos que se compromete a apoyar, a fomentar, un sinnúmero de sectores y actividades económicas: la pesca, la agricultura, la explotación forestal, el turismo, la vivienda, las comunicaciones, las actividades industriales que sustituyan importaciones, el sector energético, etcétera, utilizando en todos y cada uno de los casos, como instrumento de fomento, un mayor gasto gubernamental y un esquema regulatorio que, además de provocar una mayor corrupción entre la burocracia, generaría rentas para los sectores favorecidos por el gobierno a costa, obviamente, del bienestar de los consumidores quienes, en su estrecha visión como supuesto estadista que cree que es, ni siquiera aparecen en sus compromisos, a pesar de que la política económica debe tener como objetivo primario, precisamente, lograr el máximo bienestar de los consumidores. En ningún caso le pasa por la mente que la manera más eficiente de fomentar todas estas actividades es a través de una mejor regulación de los mercados, una que signifique una menor intromisión del gobierno en la economía, una que signifique mayor libertad individual para que cada quién, en un entorno de mercados competitivos caracterizado por la igualdad de oportunidades, busque maximizar su propio bienestar y sea, a través de esto, que también tienda a maximizarse el bienestar de la sociedad. Él no lo piensa así, simple y sencillamente porque cree que los individuos son sólo un engranaje más al servicio del poder público y de la maquinaria estatal, subordinando su bienestar a un nunca definido, por imposible, “bien común”. López cree que el gobierno tiene que hacer todo, simple y sencillamente porque no le asigna prácticamente ningún valor a la libertad individual.

Igual sucede con sus ideas respecto de la educación y la salud; cree que con más recursos solucionará el grave problema de calidad que actualmente existe, sin siquiera considerar que es necesario cambiar el arreglo institucional, estableciendo un sistema eficiente de rendición de cuentas y dándole a los demandantes de estos servicios una mayor libertad para elegir. Asignar más recursos públicos sin cambiar las estructuras y el sistema de incentivos es, simplemente, desperdiciarlos. Y así, mayor gasto en esto y en aquello: subsidios, transferencias, apoyos, todo sin siquiera considerar, de manera seria, de dónde obtener esta mayor cantidad de recursos, sobretodo al haber descartado una reforma tributaria. ¿Realmente cree que disminuyendo los sueldos de los altos funcionarios públicos y eliminando las pensiones a los ex - presidentes se ahorrará 100 mil millones de pesos anuales, cuando todos sus programas de apoyo sectorial y de inversión gubernamental requieren una estructura burocrática más grande? Lo cual nos lleva al último punto: la estabilidad macroeconómica. López afirma que se compromete a un manejo responsable del déficit público y a respetar la autonomía del Banco de México.

¿A qué se refiere con un manejo responsable del déficit público si todo su programa económico implica mayor gasto sin mayores ingresos? ¿A cuánto considera él que asciende, como porcentaje del PIB, un déficit público responsable? ¿1, 5, 10%? Obviamente no considera que cualquier déficit fiscal desplaza a la inversión privada y que ello significa menor crecimiento económico, además de que es una fuente de desestabilización macroeconómica.

Para él lo importante es la inversión pública, cualquiera, sin importar su rentabilidad social, sea un tren bala a la frontera o un parque infantil en las Islas Marías. ¿Y qué de la autonomía del Banco de México? ¿Podría ejercer, autónomamente, su política monetaria en presencia de un enorme e irresponsable déficit fiscal? Obviamente no. López está dispuesto a tirar por la borda todo lo que se ha ganado en estabilidad macroeconómica y parece no importarle.

Por todo lo anterior y más, ¿está usted dispuesto a votar por él?

(*)El Dr. Isaac Katz es catedrático e investigador del Instituto Tecnológico de México, Autor de varios libros entre los que se encuentran La Constitución y el Desarrollo Económico de México y La Apertura Comercial y su Impacto Regional sobre la Economía Mexicana. Es editorialista en el periódico El Economista.