Los mandamientos populistasFrancisco Martín Moreno

PRIMERO. Predicarás ideas que sabes falsas entre personas que sabes idiotas.

SEGUNDO. Jamás aceptarás que el populismo es un nombre tramposo porque, aun cuando deriva de la palabra pueblo, a la larga jamás beneficia al pueblo, sino a sus líderes, caudillos, caudillitos o caciques, auténticos adoradores de la demagogia.

TERCERO. Rechazarás en todo momento y en cualquier circunstancia la racionalidad y la prudencia, y preferirás incondicionalmente el llamado al rescate de los marginados, esfuerzo que de antemano confiesas inútil, pero que habrá de conducirte al poder.

CUARTO. Recurrirás a la manipulación de la opinión pública para que las masas te contemplen como a un dirigente esclarecido, infalible e indestructible… sobre todo indestructible.

QUINTO. Le demostrarás al pueblo una lealtad a prueba de fuego, aun cuando sepas que tus promesas son irrealizables porque conoces las reglas inflexibles impuestas por la economía. De esta suerte, el pueblo, en reciprocidad, te profesará una idolatración cuasireligiosa especialmente eficaz en el arreo del rebaño.

SEXTO. El populismo desprecia a la democracia. De ahí que debas constituirte en intérprete máximo de la voluntad popular, una especie de Papa político posición que te permitirá contar con los pretextos necesarios para dirigir tu gobierno hacia el autoritarismo.

SÉPTIMO. Deberás dominar, jamás representar y, para tal efecto, recurrirás a la coerción o al chantaje emocional. No olvides que se controla a las masas con sentimientos e impulsos, nunca con argumentos.

OCTAVO. Rechazarás el campo de acción del Poder Judicial. En un país de machos reporta enormes dividendos políticos el hecho de desafiar a la autoridad: desafíala públicamente, te encumbrarás.

NOVENO. Sabotearás la operación del Poder Legislativo para evitar la promulgación de disposiciones contrarias a los intereses del pueblo, o sea a los tuyos propios. Tomarás la tribuna o impedirás los accesos de los representantes populares a sus respectivas cámaras para que no voten leyes contrarias al pueblo, o sea, disposiciones que atenten contra tus planes políticos. A quien te llame golpista etiquétalo como pirruris.

DÉCIMO. Atacarás a la prensa libre en forma encubierta. La información excesiva intoxica a los pueblos. Echarás mano del tesoro público para seducir a periodistas amantes de tu causa y de la evolución popular.

UNDÉCIMO. Desde la antigüedad los gobernantes se han intimidado ante las multitudes unificadas por algún motivo. Un recurso infalible para mostrar tu poder de convocatoria radica en tu habilidad para organizar enormes concentraciones de fanáticos. Deberás probar que tú eres el único de controlar a las masas con el mismo alarde de poder del domador de fieras de un circo.

DUODÉCIMO. Si 10 roban a uno por el sólo hecho de ser más les asiste la razón. Es la voz del pueblo. Las masas dirigidas por ti siempre tendrán un valor superior a las instituciones y a la ley. Nadie podrá argumentar en tu contra so pena de vérselas con una multitud enardecida.

DECIMOTERCERO. Te erigirás invariablemente como víctima para ganar cualquier contienda política. Lucra siempre con el sentimiento de piedad del pueblo. No olvides que VOX POPULI VOX BUEY.

DECIMOCUARTO. El populismo se define por su imprecisión ideológica. Deberás ser vago conceptualmente para dejarte abiertas todas las puertas.

DECIMOQUINTO. El populista perfecto divide al pueblo entre ricos y pobres. Divide y vencerás dice la máxima política. Lucharás en contra de la oligarquía para instalar un gobierno del pueblo, o sea un gobierno autoritario que habrá de velar por el pueblo, aun cuando posteriormente se olvide de éste y se vuelva su rehén.

DECIMOSEXTO. A más hambre y miseria mayores facilidades de manipulación populista. Resulta sencillo engañar a los moribundos con buenas noticias a sabiendas que son falsas, porque la esperanza les permitirá permanecer en el mundo de los vivos.

DECIMOSÉPTIMO. El populista entiende que el referéndum y la consulta popular sustituyen al Estado de Derecho. El discurso airado en el Zócalo o en los jardines públicos avasalla a las minorías y reemplaza a la ley. Las encuestas de manufactura doméstica realizadas telefónicamente en la intimidad de la familia arrojan sorprendentes resultados en materia de proselitismo entre quienes se dejan dirigir con arreglo a las emociones.

DECIMOOCTAVO. El verdadero populismo implica la preponderancia de lo irracional, la explotación de los instintos, de las tradiciones atávicas, de los perjuicios ancestrales que por el hecho de estar arraigados históricamente en una sociedad son inmunes a la razón.

DECIMONOVENO. El líder totalitario debe ser amado, sí, pero también temido.

VIGÉSIMO. Los disidentes, los opositores, en todo caso una minoría, son traidores del pueblo y, por lo mismo, deben ser destruidos por presentar al antipueblo, una basura humana similar a los hambreadores, a los vendepatrias, a los sacadólares.

VIGÉSIMO PRIMERO. Un buen populista respeta y vigila la integridad de los sindicatos charros por representar las bases mismas de su poder.

VIGÉSIMO SEGUNDO. El populista eficaz es enemigo por disposición natural del pluralismo político al que atacará hasta borrar la menor huella de su existencia.

VIGÉSIMO TERCERO. Un populista que se respeta financia los presupuestos públicos imprimiendo moneda, dinero fresco, para no afectar el patrimonio del electorado y, además, contrata deuda en lugar de incrementar cargas tributarias por ser perjudiciales para los pobres.

VIGÉSIMO CUARTO. Un populista ortodoxo sostiene que “primero los pobres”, porque serán los primeros en ser pasados a cuchillo. Todo líder del pueblo se enriquecerá con el candor del pueblo.

VIGÉSIMO QUINTO. El populista acepta de antemano que la historia no la hacen los hombres, sino las masas.

VIGÉSIMO SEXTO. Si las reglas del mercado se oponen a las intenciones políticas de un populista, éstas deberán ser adecuadas a sus deseos en medio de ovaciones, sin detenerse a considerar las consecuencias sociales que padecerá el propio pueblo. Cualquier ley que se oponga al pueblo, encarnado en los gobernantes populistas, deberá ser ignorada por los líderes y por las masas.

VIGÉSIMO SEPTIMO. Engañar a idiotas, a marginados, a desposeídos, a desesperanzados, a desempleados y moribundos no es un error ni un crimen ni un acto bajo y deleznable, salvo que a los líderes populistas se les descubra en el intento.PD: Los anteriores mandamientos son reflexiones de sesudos pensadores que, muchos de ellos, o son perseguidos o lo fueron por enormes masas manipuladas, supuestas titulares de una verdad que un día seconvirtió en astillas, junto con cualquier esperanza...

(*) Francisco Martín Moreno es Abogado, Novelista, Periodista, Conferencista. Doctor en Derecho por la Academia Mexicana de Derecho Internacional.

Es autor de las novelas “México Negro” o “El origen del financiamiento de la Revolución Mexicana”, “Las cicatrices del viento”, “La Disculpa“, “La respuesta”, “Los mexicanos a contra luz” “Las cartas de un mexicano” “México sediento”, “Las Grandes Traiciones de México” y “México Secreto“.