La tentación

La tentación

Hoy conoceremos los resultados de las finanzas gubernamentales para marzo y, por ello, para el primer trimestre del año. Podremos comparar los resultados con lo sucedido hace un año, durante el primer trimestre de 2019; con lo sucedido hace un trimestre, a lo largo del cuarto de 2019; y, lo más importante, con lo proyectado originalmente para este año.

A lo largo del año los resultados de finanzas gubernamentales, comenzando por los ingresos, de los cuales dependen los egresos, se alejarán de lo proyectado y lo harán, no para bien (mejores resultados), sino para mal (peores resultados). Un dato para fundamentar lo dicho: la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos, para 2020, se calcularon considerando un crecimiento de la economía, medido por la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, entre 1.5 y 2.5 por ciento, 2.0 puntual. Al momento de escribir estas líneas el promedio de las principales proyecciones para el crecimiento de la economía mexicana en 2020 es menos 7.3 por ciento, 9.3 puntos porcentuales por debajo de la proyección puntual con la que el gobierno hizo sus cálculos.

Que la economía no solo crezca menos, que sería malo, sino que decrezca, que será peor, quiere decir que la recaudación de impuestos resultará menor, no solo con relación a la de períodos anteriores, sino, más preocupante, con relación a lo originalmente proyectado, lo cual obligará a realizar ajustes, ninguno de los cuales resulta políticamente conveniente.

Posibilidades:

1) aumentar las tasas impositivas;

2) cobrar nuevos impuestos;

3) vender activos;

4) contraer deuda;

5) recortar gastos

Nada de lo cual resulta políticamente conveniente, porque cada una de estas opciones perjudica, hoy o mañana, a ciertos grupos, que se opondrán a la medida y, de no prosperar su oposición, intentarán cobrársela en las próximas elecciones. Cosas de la democracia.

¿Existe alguna otra opción para compensar la caída en los ingreso consecuencia de la recesión? Sí: recurrir al Banco de México para que produzca dinero y se lo dé al gobierno, para lo cual se requiere que el gobierno pueda obligar al banco central a hacerlo, lo cual en México, ¡A-F-O-R-T-U-N-A-D-A-M-E-N-T-E!, está prohibido. En ello cosiste la autonomía del Banco de México, que debe mantenerse a toda costa.

La gran tentación de cualquier político ante la caída en la recaudación es poder ordenar al banco central a producir dinero y dárselo, algo que no debe suceder, por la misma razón de que si usted deja de generar ingreso, y ya no le alcanza, no debe solucionarlo produciendo dinero sino trabajando. Algo similar (porque no es exactamente igual), sucede con el gobierno.

Nadie debe financiar su gasto produciendo dinero, ¡mucho menos el gobierno!

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Twitter: @ArturoDammArnal