| Hacienda: por el camino correcto |
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| Escrito por Arturo Damm Arnal |
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El objetivo de tales medidas es facilitarle la vida a los contribuyentes, y como tales deben, ¡en su justa medida!, aplaudirse, ya que hacen del tributario un engendro menos deforme, lo cual le permitirá a México avanzar en el índice Doing Business del Banco Mundial, que ubica a nuestro país, en materia de pago de impuestos, en el lugar 106 entre 183 naciones, con un promedio de 517 horas anuales dedicadas al pago de los tributos, siendo que entre los países de la OCDE, a la cual pertenece México, el promedio es de 194, al tiempo que, en América Latina y el Caribe, el mismo es de 385 horas, cifras que nos dan una idea de la mediocridad de México en la materia. Qué bueno que se elimine todo aquello que no hace más que dificultarle la vida al contribuyente, eliminación que, tal y como lo acabamos de ver, depende de decisiones del Ejecutivo, que no requieren del visto bueno de los legisladores. Insisto, ¡qué bueno!, pero (sí: ya salió el pero), hay que tener presente que todo aquello que le facilite la vida al contribuyente dista mucho de ser la reforma fiscal que se requiere para hacer de la mexicana una economía más, ¡mucho más!, competitiva de lo que es y, ¡todavía más importante!, para evitar que el cobro de impuestos degenere, ¡tal y como lo ha hecho!, en un robo con todas las de la ley, y no solamente por la cantidad (muchos) y montos (elevados) de los impuestos que se cobran, sino por el destino que, por obra y gracia de la redistribución (se le quita a unos para darle a otros), se les da. No confundamos facilitarle la vida al contribuyente con reconocerle plenamente, definirle puntualmente y garantizarle jurídicamente el derecho de propiedad, mismo que, tanto por la cantidad y el monto de los impuestos que se le obligan a pagar, como por el destino que se le dan, se viola a diestra y siniestra. Los cambios anunciados por Hacienda, si bien apuntan en la dirección correcta, dejan intacta la esencia del sistema tributario mexicano, tanto por la cantidad y monto de los impuestos cobrados, como por el destino que se le dan. Corregir esto es el gran pendiente que, todo así lo indica, seguirá pendiente. |



