| Caligrafía y buena educación |
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| Escrito por Aturo Damm Arnal |
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Esa capacidad para producir más y mejores bienes y servicios depende de la facultad para preguntar y responder, descubrir e inventar, identificar y resolver problemas, y para comunicar todo ello a los demás, lo cual depende de la educación, que en esencia consiste en los procesos de enseñanza – aprendizaje por los cuales el ser humano actualiza más fácilmente sus potencias. ¿Hasta qué punto todo depende de la educación, no siendo ésta únicamente, y tal vez ni siquiera principalmente, la escolarizada? Sirvan los dos párrafos anteriores de introducción al tema que hoy me ocupa, y que muestra, sin lugar a dudas, el fracaso de la educación escolarizada, tanto gubernamental como privada, en México. Me refiero al tema de la caligrafía, que se define como el arte de escribir con letra bella y correctamente formada, condición indispensable para que, quien escribe, se dé a entender, entendimiento entre escritor y lector que cada vez se dificulta más, sobre todo si el escritor es un alumno que presenta examen, y el lector un profesor que lo revisa, dificultad que surge por la entre mala y pésima caligrafía de los alumnos, ¡aunque entre los profesores también se cuecen habas! Hace algunos años el problema era ortografía y redacción, al grado de que, el menos en la universidad en la que trabajo, a los alumnos de primer ingreso se les daba un curso de redacción y ortografía. Al paso de los años las cosas no solamente no mejoraron, sino que empeoraron, y ahora el problema es más básico, a nivel de la caligrafía, que es, va de nuevo, el arte de escribir con letra bella y correctamente formada, siendo que la letra de la mayoría de los alumnos es fea y deformada, lo cual les crea, más allá del tema de la redacción, que sigue siendo en la mayoría de los casos una dificultad, un grave problema de comunicación: no se entiende lo que escriben, pero no porque no se entiendan las ideas, sino porque no se entienden las letras. ¿Dónde quedó la caligrafía Palmer, de la generación de mis padres? ¿Dónde quedó la buena educación que comienza por la buena caligrafía, tarjeta de presentación de la persona bien educada, capaz de comunicar eficazmente, por medio de la letra impresa, sus ideas? En este caso lo bello – buena letra -, resulta lo eficaz – buena comunicación -, eficacia en la comunicación de la que adolecen, prácticamente, todos mis alumnos, quienes deberían demandar a quienes “les enseñaron” a escribir. ¿Exagero al identificar la pésima caligrafía con la fracaso de la educación en México? |



