| Del precio del agua |
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| Escrito por Arturo Damm Arnal |
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¿Es correcto determinar el precio de los bienes y servicios que se ofrecen en una economía, ¡sobre todo si la oferta proviene de un monopolio gubernamental!, no en función de su costo de producción, sino en función del ingreso del consumidor, de tal manera que los ricos, por el solo hecho de serlo, pagarán más que los pobres, pobres que, por el solo hecho de serlo, pagarán menos que los ricos? Usted, ¿qué opina? Independientemente de cuál sea su opinión, ¡y no todas las opiniones son igualmente respetables!, la respuesta de cualquier economista sensato será que tal manera de determinar el precio de cualquier bien o servicio, ¡comenzando por los bienes y servicios más escasos y/o por los servicios y los bienes destinados a satisfacer necesidades básicas!, es un enorme despropósito, que impide que los precios cumplan con una de sus tareas básicas, que no es otra más que racionar el mercado o, dicho de otra manera, inducir a los consumidores a hacer un uso racional de dichas mercancías, uso racional que debe imponerse cuando se trata de los bienes y servicios más escasos y/o de los servicios y los bienes destinados a satisfacer necesidades básicas!, tal y como es el caso del agua, ¡cuyo precio, al menos en la Ciudad de México, se fija, no en función de lo que cuesta llevar cada litro de agua a su destino final, sino en función del tipo de zona en la que vive el consumidor, zona que puede ser popular, baja, media y alta! El precio del agua en la Ciudad de México se determina por el nivel de ingreso de los consumidores, mismos que pagan por la misma ese precio multiplicado por el número de litros consumidos, cantidad a la cual hay que restarle el subsidio, encontrándose así el total a pagar, ¡subsidio que se otorga hasta a los consumidores ubicados en zonas consideradas altas (de clase socioeconómica alta)! ¿Qué tenemos? Una rara combinación de socialismo justiciero (a los de clase alta se les cobra más que a los de clase popular) con Estado benefactor universal (a todos, desde la clase popular hasta la alta, se les otorga algún subsidio), combinación que da como resultado un engendro sin igual. ¡Otro más! |



