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A la fuerza no se debe ni se puede Imprimir E-mail
Escrito por Ricardo Valenzuela   

Sin embargo, una de ellas me hizo pensar con profundidad y, sobre todo, encontrar otra perspectiva ante tan espinoso problema. Uno de mis detractores después de agresivamente atacarme, describir al líder sindical como el héroe que México no había tenido, afirma que a través de mi escrito destilo mi “sangre blanca” y mi total desconocimiento de los indios. Eso me hizo reflexionar y responder a esta persona de la siguiente manera: “Esta usted equivocado amigo y le voy a describir de donde vengo. Cuando Álvaro Obregón era Presidente de México, mi tío Gilberto Valenzuela era Secretario de Gobernación. El Presidente vivía en el castillo de Chapultepec, y el Secretario de Gobernación en una pequeña casa adjunta al castillo.”

“Mi padre, quien era más de 20 años menor que su hermano Gilberto, vivía con él en la pequeña casa al lado del castillo. Me platicaba que siendo un niño, todas las mañanas la guardia personal del General Obregón—configurada de puros indios yaquis—los llevaban a él y a Álvaro Obregón Jr. a pasear a caballo por todo el bosque. De ahí nació una gran amistad de mi padre con Álvaro II y, sobre todo, una gran admiración por los indios yaquis a quien mi padre siempre describía como los guerreros más valientes de la revolución. Durante las noches, el Presidente obligaba a mi padre y a Don Álvaro a tomar clases de la lengua Yaqui con uno de los jefes. Eso, me platicaba mi padre, les permitió conocer esa raza tan orgullosa, digna, y sabia.”

Años después, cuando ya mi padre había regresado de Europa armado con un Doctorado en Derecho Internacional de la Universidad de Bruselas, fungió, a sus 25 años, como Secretario Particular del Gobernador de Sonora, Gral. Roman Yucupicio quien era 100% indio Mayo. Siempre comentaba mi padre que el haber desarrollado esa función le dio la oportunidad, ya de hombre, el conocer los valores y las costumbres de esa gran raza a la que tanto admiraba. Platicaba mi padre que, siendo gobernador Yucupicio, Cárdenas, quien era Presidente, le quiso establecer una gubernatura paralela a través de un Comandante de la Zona Militar. Yucupicio llamó a Cárdenas y le dice: “Hemos dejado las armas para abrir paso a la legalidad. Tengo 20,000 yaquis listos para defender la soberanía y las leyes del Estado; Me retira a este comandantito, o lo retiro yo.” El comandante al día siguiente fue removido de su cargo.

Le sigo comentando a esta persona: Yo me hice hombre en los llanos de los ranchos ganaderos de Sonora. Ahí en los ranchos de mi abuelo muchos de los vaqueros eran yaquis, la cocinera de la casona también lo era. Mi nana era 100% india. Me críe y me hice hombre junto con los hijos de esos vaqueros, de igual a igual, puesto que a mí nunca nadie me dijo que ellos eran menos y yo era más. Nunca supe que éramos de clases sociales diferentes, ni pienso que ellos lo sabían. Cuando hacíamos alguna travesura nos castigaban por igual, cuando trabajábamos con ahínco y devoción, nos premiaban por igual. Lo único que a veces me indicaba algo diferente, era cuando los vaqueros le decían a uno de mis primos que tiene ojos azules; “guizari;” en Yaqui es rubio.

El evento más importante en esos días, eran las reuniones en la noche alrededor de la “lumbrarada” que el viejo indio Pedro Daniel preparaba. Decía mi abuelo que tenía más de 100 años y había pertenecido a las guardias de Obregón y Calles. Ante el círculo que se formaba alrededor del viejo, Pedro no daba consejos, simplemente salían de su boca palabras sabias: “El país está fregado y es que lo que se consigue peleando y a la juerza nunca dura, y la palabra nunca es muy larga, puede ser una eternidad. Es como cuando te robas una mujer, la tienes pero no es tuya. Porfirio se amachó en la silla. Lo sacaron a la juerza y a la juerza se siguieron arrebatando el bastón del mando.”

“Luego inventaron eso de la PRI que yo siempre le dije al Plutarco (Elías Calles) que no iba a servir, y no ha servido porque fue a la juerza y entre unos cuantos. Luego salieron con eso del ejido. También le dije al Álvaro que no iba a funcionar. Lo que no es de nadie, nadie lo cuida, y cuando todo es de todos, pos menos lo cuidan. Son como los burros mostrencos que andan en la sierra. No son de nadie y nadie los cuida. Vienen los yoris (blancos) en los pájaros cuachones (aviones) y los matan. Que me los den a mí y ya verán que si vuelven los yoris en sus pájaros cuachones, los tumbo a peñascazos. Pero uso la juerza pa defender lo mío, no pa convencer a los demás por donde nos vamos.”

“Cuando mataron a Pancho Serrano allá por la Cuernavaca, yo le dije a Obregón, a la juerza no se debe ni se puede.”

Seguía Pedro: “Yo anduve con el Álvaro viejo en medio de la balacera. Y ¿pa qué? Pa nada. Sí, les ganamos, pero los otros no quedaron conformes, porque fue a la juerza. No los convencimos con palabras. Y un pleito que no se acaba con palabras, nunca se acaba. Ahí están los negros al otro lado. Estuvo muy mal que los tuvieran como animales y a la juerza los soltaron. Pero míralos, tienen 100 años peleándose casi igual. ¿Por qué? Porque los otros no quedaron conformes. Los pleitos ahora están en las cabezas de la gente, y esos pleitos son más largos. Pa que en este país todos los yoris nos vean como a mí me ve el nucapochi (mi abuelo), así como amigos, como hermanos, va a pasar mucho tiempo y quién sabe si ni ustedes lo vean.”

“Pero yo no lo agarré a garrotes pa que el me viera así. Así es el. Desde que se acabó la balacera (la revolución), en este país todo mundo cree que las cosas se consiguen a la juerza, y no es así, a la juerza no se consigue nada. Pa nosotros conseguir es eso, tener algo tuyo, como lo que yo consigo cuando voy al monte por palmilla pa hacer bacanora. Pero lo conseguí yo con mi trabajo, no le fui a gritar al nucapochi que me lo diera. Allá más pa enfrente, cuando ustedes sean hombres, platiquen la historia del indio Coyote Iguana. Hace como 100 años se robó en el monte a la hija del yori que era jefe en Hermosillo. Vivió con el más de 40 años, tuvieron hijos. Pero la primera vez que la dejó ir sola al mercado de Villa de Seris, pos ya nunca volvió. Porque a la juerza no se pude.”

O sea amigo lector; si conozco a los indios y a la juerza no se debe ni se puede. ¿Me escuchas Peje de dos patas?


 

 

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