| Más gasto, más déficit, un engaño |
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| Escrito por Luis Pazos |
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Las crisis que sufrieron los mexicanos en los años 80 y 90, que nos llevaron a inflaciones, tasas de interés y devaluaciones de tres dígitos y a la pérdida de los ahorros de la mayoría de los mexicanos de clase humilde y media, fueron causadas por evadir la responsabilidad de aumentar los impuestos abiertos o disminuir el gasto. Gracias a la reducción del déficit presupuestal en la actual década encaramos la peor crisis mundial desde los años 30 con una inflación menor al 5%; mientras en las crisis de los 90 llegó a más del 50% y en las de los 80 rebasó el 100%. Es irresponsable y engañoso que, como en el pasado, se apoyen los gastos públicos en futuros altos precios del petróleo o déficit presupuestales. Si queremos un gasto razonable y socialmente útil es necesario reducir las transferencias y subsidios, que representan casi el 30% del total del gasto corriente. Esa tajada del gasto la absorben empresas estatales y organismos, en varios de los cuales existen privilegios y dispendios legalizados en contratos colectivos con sindicatos que monopolizan los recursos humanos. La mayoría de los ciudadanos aplaudieron la decisión del Presidente de liquidar una de las empresas estatales que más absorbía subsidios. Ahora es necesario revisar en qué y cómo gastan las universidades, los hospitales y los demás organismos públicos que, escudados en la educación, en la salud o en la ayuda a los pobres, son los principales destinatarios de transferencias y subsidios que necesariamente se tienen que financiar con impuestos, deuda o emisión monetaria, que se convierten, tarde o temprano, en impuestos.
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