El contexto nacional actual es desolador por la falta de credibilidad que ante la ciudadanía tienen las instituciones sociales y políticas, entre las que destacan principalmente los partidos políticos. No es casual que hoy la gente vota por el individuo y no por el partido político que le respalda.

Es el candidato quien hoy tiene la capacidad de conectar emocionalmente con el elector y de un modo similar es el funcionario público que ejerce un alto cargo de tipo político, quien logra dar credibilidad a su gestión.

Es ahí, en la individualidad humana, donde hoy se están concentrando los esfuerzos de los partidos. Se pone en evidencia la búsqueda urgente de individuos carismáticos y competitivos, que sean capaces de seducir al electorado y generar confianza. Por ello el Partido Social Demócrata recurrió a Cuauhtémoc Blanco para ofrecer una candidatura fresca a los electores de Cuernavaca y así ganar la elección. Lo que sucedió después entre su candidato, hoy alcalde y el partido que le postuló, es otro asunto, que sin embargo nos muestra que no se deben improvisar líderes ni gobernantes. El poder se delega, pero el liderazgo se construye de modo personal.

El grave problema es que hay muy pocas opciones de líderes carismáticos que gocen de óptima reputación y con ello de credibilidad. En contraste existen un gran número de posiciones políticas por cubrir. Por ello los partidos necesitan echar mano de lo que hay disponible, aunque los seleccionados no sean los que cubren las expectativas ciudadanas. Ese es el origen de nuestra grave crisis social. La oferta política disponible es de baja calidad.

Sin embargo, hay indicios que vislumbran que nos encontramos ante un momento coyuntural de “transición” entre un modelo político arcaico, desgastado, sin credibilidad, caracterizado por la corrupción, la complicidad y la impunidad solapada por todos y un nuevo sistema que busca que la política mexicana adquiera un sentido ético y de responsabilidad social del que hoy carece.

En este contexto se puede descubrir con gran sorpresa que están surgiendo movimientos políticos conformados por gente de las nuevas generaciones, quienes ya están ejerciendo cargos de liderazgo dentro de la administración pública y quieren liderar un cambio desde dentro del sistema actual.

Como ejemplo podemos nombrar al colectivo denominado Guerrero 80-20, integrado por militantes de varios partidos políticos, quienes al margen de la lealtad que sienten por la institución política a la que pertenecen, les une una misma causa que es la dignificación de la política como actividad. Les mueve el deseo de lograr un cambio integral.

Es sintomático que en un estado como Guerrero, que ha sido exhibido públicamente a partir de acontecimientos políticos asociados con la violencia, esté surgiendo un movimiento de estas características, lo cual nos lleva mantener una esperanza de cambio.

Los fenómenos sociales y políticos que logran impactar a la sociedad y perduran, generalmente no son liderados desde fuera del sistema, sino desde dentro.

La independencia de México, por los motivos históricos ampliamente estudiados que fueren, fue convocada y liderada por gente rica. Muchos de ellos criollos, o sea hijos de españoles, a quienes después se sumaron mestizos, indígenas y afroamericanos. Los primeros militares insurgentes, eran de carrera y por tanto formados en el ejército realista.

El cura Miguel Hidalgo era un hombre rico y de alcurnia, quien tuvo que luchar abiertamente contra amigos suyos y hasta contra uno de sus hermanos de sangre, quienes formaban parte de la estructura política virreinal. Igual sucedió con doña Josefa Ortiz de Domínguez, criolla y esposa de un alto y rico funcionario español, e Ignacio Allende, criollo y ex militar del ejército realista, por citar algunos.

La revolución mexicana, por su parte, fue iniciada por un miembro de una rica familia de hacendados, como lo fue Francisco I. Madero.

Seguramente este fenómeno de renovación política, como el que impulsa el colectivo “Guerrero 80-20”, esté naciendo de modo simultáneo en otras regiones de México y ya se estén formando las nuevas generaciones de políticos que serán los artífices de un nuevo proyecto de país, más ético, justo y equitativo. Sin embargo, cual paradoja, este fenómeno surge dentro del mismo sistema político actual.

Definitivamente, cuando se empieza a tocar fondo ante circunstancias desastrosas, es cuando la misma sociedad empieza a impulsar sus propias soluciones.

Por tanto, la transformación de nuestro sistema político, seguramente nacerá desde las entrañas de éste.

Nada ha sido casual en la historia de la humanidad. Posiblemente sea el destino que busca generar equilibrios. Quizá a nosotros nos ha tocado la responsabilidad de vivir esta transición histórica sin ser aún conscientes de ello.

¿Usted cómo lo ve?.

 

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