Ojalá este título se refiriese a algún encuentro de nuestras selecciones de futbol y no al conflicto que se está originando desde las más altas esferas del gobierno de Venezuela en contra de nuestro país.

Las declaraciones de la canciller venezolana Delcy Rodríguez, quien amenaza con venir a la Asamblea General de la OEA en Cancún programada para el 19 de este mes, a exhibir a nuestro país como un “estado fallido”, como ella misma y su presidente, Nicolás Maduro, lo han catalogado reiteradamente, tiene gran significado, pues ahonda un tema poco analizado y es que la globalización al poner en evidencia la problemática interna de los países, éstos se convierten en asuntos públicos de impacto global. Sin embargo, ésto también puede ser interpretado como intervencionismo en asuntos internos de una nación libre y soberana, desde la percepción del gobierno del país cuestionado.

La canciller venezolana apela a las graves incongruencias en derechos humanos y violencia que hay en nuestro país y toma como bandera la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Con ésto pretende descalificar la calidad moral de nuestro de país para opinar sobre lo que sucede en Venezuela. 

Sin embargo, aún concediendo que en México existen graves violaciones a los derechos humanos como lo dice la canciller venezolana, lo cual los mismos mexicanos reconocemos y cuestionamos, no se invalida la crítica hacia el gobierno de Nicolás Maduro.

Este conflicto diplomático se deriva de una entrevista que realizó Andrés Oppenheimer a nuestro canciller Luis Videgaray en el foro Americas Conference Series, organizado por el Miami Herald y el Nuevo Herald, en la cual Videgaray criticó el encarcelamiento de los presos políticos, la negativa gubernamental a realizar elecciones, la actuación de los tribunales militares, y la Asamblea Constituyente, entre otros asuntos reprobables.

Además, nuestro canciller dijo que México propondrá a través de la OEA la búsqueda de una solución pacífica en Venezuela.

Lo que sí podemos exigir los mexicanos a nuestro canciller, Luis Videgaray, es mesura en el modo de tratar el tema, evitando utilizar adjetivos calificativos de fuerte significado, como la frase “Venezuela ya no es una democracia…  hay rasgos francamente autoritarios".

El manejo del lenguaje es fundamental y de alto significado en el ámbito diplomático, pues exacerba los ánimos y le da a los asuntos una fuerte dimensión emocional.

Lo que dice nuestro canciller públicamente rebasa el ámbito de su opinión personal y se convierte en una postura oficial del gobierno que él representa. Puede estar diciendo la verdad, pero es “políticamente incorrecto” que lo externe dada su investidura. Incluso esta ligereza podríamos calificarla como “falta de oficio”.

Usted y yo podemos externar esas mismas frases sin ninguna consecuencia, pero no quien tiene la encomienda de representar a nuestro país.

Sin embargo, al margen de las formas diplomáticas lo que debe quedar claro es que cuestionar al gobierno de Maduro no es cuestionar a Venezuela como país, del mismo modo que cuando desde el extranjero se critica a nuestro país por la violencia, en realidad estas expresiones se destinan a nuestro gobierno, aunque lingüísticamente se simplifique al usar la denominación del país. Los gobiernos representan oficialmente a un país, pero no son el país.

La represión implícita en este conflicto que ha costado la vida a 69 venezolanos hasta el pasado 28 de mayo, merece la crítica internacional del mismo modo que debemos aceptar los mexicanos cuando organismos internacionales nos echan en cara el alto costo en vidas humanas que ha tenido la guerra al narco iniciada por el presidente Calderón y continuada por el presidente Peña Nieto, así como la ineptitud gubernamental para frenar la violencia y las violaciones a los derechos humanos.

¿Es legítimo que viviendo México graves problemáticas sociales como las que todos conocemos, mostremos a través de nuestro gobierno nuestro rechazo al conflicto interno que vive Venezuela?. ¿Debemos callar?.

¿Usted como lo ve?.

@homsricardo
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