En abril las exportaciones de productos mexicanos al resto del mundo sumaron 31 mil 485 millones de dólares: 1 mil 682 millones fueron petroleras (5.3 por ciento) y 29 mil 803 millones fueron no petroleras (el 94.7 por ciento): 27 mil 923 fueron manufactureras (93.7 por ciento), 1 mil 381 fueron agropecuarias (4.6 por ciento), y 498 fueron extractivas (1.7 por ciento).

En abril las importaciones de productos extranjeros hacia los mercados mexicanos sumaron 30 mil 868 millones de dólares: 2 mil 871 millones fueron petroleras (9.3 por ciento) y 27 mil 997 fueron no petroleras (90.7 por ciento). Del total 4 mil 029 millones fueron bienes de consumo (13.1 por ciento), 23 mil 828 millones fueron bienes intermedios (77.2 por ciento), y 3 mil 012 millones fueron bienes de capital (9.8 por ciento).

En términos anuales (comparando abril de este año con abril del año pasado) las exportaciones crecieron 3.6 por ciento (26.9 las petroleras, 2.6 las no petroleras: 5.0 las agropecuarias, 49.9 las extractivas, 1.9 las manufactureras), y las importaciones decrecieron 5.0 por ciento (petroleras crecieron 15.4 por ciento y no petroleras decrecieron 6.7 por ciento: menos 3.7 bienes de consumo, menos 5.3 bienes intermedios, menos 4.9 bienes de capital).

En abril la balanza comercial de México con el resto del mundo registró un superávit de 617 millones de dólares, que muchos verán con buenos ojos: ¡exportamos más de lo que importamos! Sin embargo, no hay que olvidar que con lo que exportamos satisfacen sus necesidades los extranjeros, y con lo que importamos las satisfacemos nosotros. Aceptemos que lo ideal es el superávit, y preguntémonos de qué manera se alcanza el mayor posible. Muy sencillo: exportando todo lo que se produce e importando nada. Esta es la manera de conseguir el mayor superávit posible, pero tiene un serio inconveniente: si exportamos todo lo que producimos, y no importamos, nos morimos de hambre.

En materia de comercio exterior, en contra del sentido común, lo que conviene es el déficit no el superávit.