La elección que se efectuará el 6 de junio para que los mexiquenses designen a su próximo gobernador, siempre ha sido considerada como una premonición de lo que sucederá en la elección presidencial; el partido que gana el EDOMEX seguro ganará la elección presidencial. Son paradigmas políticos sin ningún sustento. Por ello esta elección acapara la atención de todo el país.

Sin embargo, esta campaña electoral, en particular, ha puesto de manifiesto un grave conflicto entre los dos partidos emblemáticos de izquierda, el PRD y MORENA y si este conflicto persistiese y llegase a instalarse en la campaña presidencial del 2018, se convertiría en una debilidad para ellos.

Este conflicto también ha exhibido el modo autocrático de Andrés Manuel de imponer sus deseos a su conveniencia. No ha ofrecido una invitación razonada a Juan Zepeda para que renuncie a su candidatura a favor de Delfina Gómez, de MORENA, sino una orden, como si tuviese autoridad sobre él y su partido el PRD.

Andrés Manuel no ha percibido que este conflicto lo ha retratado ante todo México y con más fuerza y fidelidad, que las críticas de sus adversarios.

El PRD y MORENA podrían incluso limar sus asperezas en corto, pero la impresión que ha dejado la conducta de López Obrador ante la ciudadanía, permanecerá en el inconsciente colectivo.

Los políticos de hoy día viven en una caja de cristal y todo lo que hacen, que sea relevante para la sociedad, termina siendo conocido por los ciudadanos como una experiencia de primera mano.

La forma agresiva con que trató Andrés Manuel a Juan Zepeda describe con fidelidad como gobernaría si llegase a la presidencia de la república. Lo muestra como político autoritario, que es lo opuesto a democrático, que de ningún modo actuaría de forma institucional. Se guiaría por sus criterios personales, que a final de cuentas es lo que ha pretendido hacer Donald Trump.

Es cierto que la sociedad mexicana demanda grandes cambios y ha puesto sus esperanzas, aunque no lo manifieste de modo directo, en que el 2018 representará la oportunidad de grandes cambios en el modo de hacer política.

Para que Andrés Manuel llegue al 2018 representando el cambio, necesita hacer un gran esfuerzo para mostrarse como un estadista y no como un político tradicional anclado a nuestro pasado autoritario.

Lo que se ha dicho de la candidata de MORENA a la gubernatura del Estado De México, Delfina Gómez, respecto a su paso por la alcaldía de Texcoco, más la exhibida que le dieron a la diputada Eva Cadena, de Veracruz recibiendo dinero para Andrés Manuel y la forma en que este video circuló en los noticieros de TV y las redes sociales, desgastan su imagen de honestidad valiente.

Andrés Manuel debe estar consciente de que más allá de los grandes bloques sociales que le aplauden a rabiar en sus mítines, el resto del país se entera de quien es él a partir de lo que los noticieros de TV muestran en videos y lo que la prensa escrita consigna. 

Los políticos tradicionales suelen pensar que lo que sucede en sus mítines es el reflejo de lo que de ellos piensan en el resto del país y no se dan cuenta de que esos son seguidores cautivos y por eso están cerca de ellos. Su preocupación deben ser los votantes incógnitos, a los cuales seguramente jamás tendrá frente a sus ojos.

Debe cuidar su imagen, pues el mundo de hoy se guía por percepciones emocionales y estas son volátiles.

¿Usted cómo lo ve?

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