Hoy que Estados Unidos parece estarse decepcionando de haber votado por Donald Trump en lugar de hacerlo por Hillary Clinton, conviene hacer una reflexión sobre lo que está sucediendo en la mayoría de los países, incluido México.
Hay una necesidad imperiosa de cambiar las reglas políticas. Las mayorías se sienten decepcionadas por el modelo político actual, lo cual impacta el sistema económico y social que hoy está vigente.
Una minoría de políticos impacta nuestra vida cotidiana a partir de sus decisiones, las cuales siempre responden a sus intereses de grupo. Se pelean entre ellos por el control del poder, pero a final de cuentas entre todos se protegen para que siga operando el mismo modelo. Se atacan pero no se aniquilan.

La última campaña presidencial de Estados Unidos dio cuenta de ello. La pobreza de opciones orilló a mucha gente esperanzada en el cambio a votar por Donald Trump, pues Hillary Clinton les representaba ser parte de la misma élite política de siempre y de entrada competía con un apellido que tenía más de veinte años en la escena política.

Primeramente, esas grandes masas populares votaron por Obama en las elecciones anteriores pensando que representaba el cambio, no de partido, sino de modelo de país. Un representante exitoso de la minoría étnica afroamericana debería haber llegado a cobrar viejas afrentas y cambiar todo, para transferir el poder a ese segmento popular que se sentía ignorado y manipulado.
En la pasada elección esas mismas mayorías ciudadanas pensaron que ese añorado cambio ahora podría lograrse a través de un líder empresarial que no venía de la política. Un hombre bravucón que renegaba del stablishment político, totalmente populista y que representaba el rescate del espíritu patriótico: “primero los norteamericanos”.

Los politólogos dirán que en realidad fue el Colegio Electoral quien le dió el triunfo y no el voto popular, pues tienen otro sistema. Sin embargo, el Colegio Electoral también representa al ciudadano “de a pie” norteamericano.
Trump convirtió en víctima de la globalización a su país y con ello a los norteamericanos y estaba dispuesto a enfrentarse a todos los grupos de poder que afectaban los intereses de los sectores populares de la población norteamericana.
Así llegó al poder, como toro brioso dispuesto a embestir a todo aquel que se interpusiera con sus planes. Quiso gobernar con sus ideas personales y no de modo institucional.

Hoy apenas a poco más de cien días de gobierno ha decepcionado a muchos de sus votantes y el sistema político está pretendiendo aprovechar su desatinada actuación en el caso de la supuesta injerencia del gobierno ruso a su favor en la pasada elección y su intento de obstruir la investigación que sobre este caso realizaban otras instituciones del gobierno. Corre el riesgo de ser echado de la presidencia de forma similar a como sucedió hace más de 40 años con el presidente Richard Nixon.

Fue el deseo de cambio lo que motivó a los electores norteamericanos a votar por él a falta de otra opción, pues Hillary parecía ser más de lo mismo.

Sin embargo, ¿qué hubiese sucedido si Hillary en lugar de presentarse como Clinton hubiese iniciado su campaña como Hillary Rodham?, su apellido de soltera.

Si ella se hubiese deslindado de todo el sistema político que ya está desacreditado ante los votantes y hubiese encabezado el cambio ofreciendo una nueva forma de gobernar, quizá la elección norteamericana hubiese sido diferente y hoy sería la presidenta

Estas reflexiones derivadas de mi participación como ponente en el seminario “Entrenamiento político para mujeres líderes”, me llevan a reconocer que la visión auténtica de la mujer en la política podría ser una bocanada de aire fresco si ellas se deciden a dejarse llevar por su propia esencia, su intuición y su sensibilidad.

El modelo político vigente hasta hoy fue creado respondiendo a la visión y valores masculinos y por ello se volvió pragmático y orientado al uso del poder, de lo cual se derivan las injusticias e inequidad vigentes hasta hoy día.
El ingreso de la mujer en la política de forma decidida y con fuerza como lo es hoy en el mundo occidental, no tiene más de cien años y se derivó de la evolución de la sociedad, que reconoció los derechos que a ella le asisten y le abrió los espacios que por justicia le pertenecen.

Sin embargo, ellas entraron a participar en un modelo político desgastado y arcaico donde el poder y las ambiciones para la élite son la esencia de las injusticias y la inequidad.

Es urgente que las mujeres tomen conciencia de que lo que hoy demanda la sociedad en su conjunto es un nuevo enfoque en la política y un nuevo modelo de gobierno, más justo y equitativo y ellas con los atributos que les da su propia naturaleza, como lo es el instinto de protección hacia los demás y mayor sensibilidad hacia las necesidades humanas, por citar algunos, pueden lograr el cambio.

Ojalá en todo el mundo las mujeres se decidan a rebelarse a las ataduras virtuales de este modelo político y de gobierno totalmente masculino y nos ofrezcan nuevas formas de hacer política con sensibilidad, intuición y compromiso.
De ningún modo nos referimos a una confrontación de género, pues ésto significaría simplemente una lucha por el control del mismo modelo machista vigente. Nos referimos mas bien a la sustitución ordenada y en el ámbito de la evolución, hacia formas novedosas y hoy desconocidas de hacer política como debe ser.

A las mujeres que hoy están en la política pedimos, ¡por favor sorpréndanos con otra forma de ejercer el trabajo público!. Solo déjense llevar por su intuición y sensibilidad y seguramente lograrán el cambio social que estamos esperando.

¿Usted cómo lo ve?

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