arturo damm2En 2015 la economía creció, medido el crecimiento por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, el Producto Interno Bruto, PIB, 2.6 por ciento, y la inflación fue del 2.13 por ciento. Un año después, en 2016, el crecimiento fue del 2.3 por ciento (tres décimas de punto porcentual menor, equivalentes al 11.5 por ciento) y la inflación 3.36 por ciento (1.23 puntos porcentuales mayor, equivalentes al 57.7 por ciento), todo lo cual apuntó en la dirección equivocada: menor crecimiento y mayor inflación, es decir, menor dinamismo y mayor inestabilidad.

PIB e inflación nos brindan una buena imagen de las condiciones generales de una economía, de su dinamismo (medido por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, y de las dos variables que dependen de ella: creación de empleo y generación de ingreso), y de su estabilidad (medida por el comportamiento de los precios, por la inflación). El reto de cualquier economía es que tanto el dinamismo como la estabilidad sean los mayores posibles, reto que en México, por alguna u otra razón (a veces por crecimiento, a veces por inflación, a veces por los dos), no hemos enfrentado con éxito, y esto desde 1971, año en el cual, después del periodo del Desarrollo Estabilizador (1958-1970), empezó a dispararse la inflación.

¿Qué se espera para 2017 y 2018? Respondo recurriendo a la Encuesta Sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, correspondiente a febrero. Para 2017 y 2018 se espera un crecimiento del PIB del  1.5 y 2.1 por ciento, respectivamente. En materia de inflación esta es la expectativa: 2017, 5.39 por ciento; 2018, 3.86 puntos porcentuales. De cumplirse la expectativa, en 2017 se mantendrá la tendencia ya observada en 2016 de menor crecimiento con mayor inflación, y en 2018 se cambiará de tendencia, con mayor crecimiento y menor inflación, pero crecimiento menor que el observado en 2015 (2.1 contra 2.6 por ciento) e inflación mayor que la registrada aquel año (3.86 por ciento contra 2.13).