arturo damm2Por claroscuro podemos entender, entre otras posibilidades, datos contrarios, unos apuntando en la dirección correcta y deseable, otros apuntando en la dirección equivocada e indeseable. Eso, claroscuros, es lo que encontramos en las estadísticas de la economía mexicana.


Comienzo por lo claro. En el 2014, lo que se conoce como consumo privado, que mide el comportamiento de las compras de bienes y servicios para consumo final de las familias, mexicanas o extranjeras, que viven en México, excluyendo la adquisición de vivienda y objetos valiosos, creció, con relación al 2013, 2.0 por ciento. En 2015, con relación al 2014, creció 2.6 puntos porcentuales. En 2016, comparando con 2015, el crecimiento del consumo privado fue del 3.2 por ciento. Sumamos dos años consecutivos con un consumo privado creciendo cada vez más, lo cual apunta en la dirección correcta: a mayor consumo de parte de las familias mayor bienestar para las familias, bienestar que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que se disponga. Si el desempeño de una economía debe medirse a nivel de la economía familiar, y a ese nivel una variable importante son las compras de bienes y servicios para consumo final, entonces los resultados del consumo privado en 2015 y 2016 apuntan en la dirección correcta.

Termino por lo oscuro. La Inversión Fija Bruta (IFB), que es la que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, y que es parte fundamental de la inversión directa (ID), de la cual depende la producción, y por lo tanto el crecimiento, que se mide por el comportamiento de la producción, creció en 2014, 2015 y 2016, en términos anuales, 2.9, 4.4 y 0.5 por ciento, con lo cual sumamos dos años consecutivos con un crecimiento de la IFB, y por lo tanto de la ID, cada vez menor, lo cual apunta en la dirección equivocada, limitando las posibilidades de crecimiento de la economía, con lo que ello supone en materia de empleo (menos creación) e ingreso (menos generación).