arturo damm2Más allá del aspecto humano de las deportaciones (que son una clara muestra de lo mucho que falta por avanzar para hacer realidad la libertad de tránsito de las personas, mismas que deberían poder transitar entre países sin necesidad de pasaportes, visas, etc.), hay que considerar las consecuencias económicas de las mismas, y considerarlas, además de para los Estados Unidos, para México.

Centro la atención en las dos más importantes, y supongo que, por arte de magia, mañana son deportados a México todos los mexicanos indocumentados que viven  y trabajan en los Estados Unidos que, según un estudio del Pew Research Center, pueden sumar entre 5.5 y 6 millones de personas. Supongamos 5 millones 750 mil.

Primera consecuencia: la caída en el envío de remesas, es decir, de los dólares que los mexicanos que viven y trabajan en los Estados Unidos mandan mes tras mes a sus familiares en México, y que el año pasado sumaron 26 mil 970 millones, con un promedio de 295 dólares por envío, lo cual, suponiendo un tipo de cambio de 20 pesos, equivale a 5 mil 900 pesos, que para la típica familia receptora de remesas representa una buena parte de sus ingresos mensuales. Si dejaran de recibir esas remesas su consumo y bienestar se vería afectado.

Llegados a este punto se puede argüir que esa afectación no es inevitable, ya que los mexicanos que regresaran al país tendrían que trabajar, y con el ingreso de ese trabajo se compensaría la caída de las remesas, lo cual sería cierto si se cumplen dos condiciones: que consigan trabajo y que el ingreso generado alcance para compensar, lo cual nos lleva a la segunda consecuencia.

Segunda consecuencia: la deportación de 5 millones 750 personas aumentaría considerablemente la oferta de trabajo en el país, lo cual, de no compensarse con un aumento igual en la demanda de trabajo, algo que en esas proporciones resulta prácticamente imposible, presionaría los salarios a la abaja, salarios que, en muchos casos, ya resultan insuficientes.