arturo-damm2El crecimiento de una economía se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, que depende de la inversión directa, que es la que abre empresas, produce bienes y servicios, crea empleos y genera ingresos, siendo una de las variables claves para medir el desempeño de una economía. En México, ¿cómo vamos?

Una posible respuesta la encontramos en el comportamiento de la inversión directa como porcentaje del Producto Interno Bruto, que es el ingreso generado en un país. Desde esta perspectiva tenemos lo siguiente: en el 2000, último año del gobierno de Zedillo, el porcentaje fue 21.9, 5.9 de inversión gubernamental y 16.0 de inversión privada; en el 2006, último año de la administración de Fox, el porcentaje fue 22.5, 4.7 de inversión gubernamental y 17.8 de inversión privada; en el 2012, último año del sexenio de Calderón, el porcentaje fue 22.5, 4.6 de inversión pública y 17.9 de inversión privada; en 2016, transcurridas dos terceras partes del sexenio de Peña Nieto, el porcentaje fue 23.3, 3.2 de inversión pública y 20.1 de inversión privada.

En lo que va de la actual administración la inversión directa del sector privado pasó  del 16.4 por ciento del PIB en 2013 al 20.1 en 2016, lo cual dio como resultado un aumento del 22.6 por ciento, al tiempo que la inversión directa gubernamental lo hizo del 4.6 por ciento al 3.2, lo cual resultó en una caída del 30.4 por ciento, muestra del débil compromiso del gobierno con el crecimiento de la economía, por más que en el discurso político se diga otra cosa.

El único gasto gubernamental que contribuye eficazmente al crecimiento de una economía, que se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, es el gasto en inversión directa, que el gobierno debe realizar en infraestructura de comunicaciones y transportes, que es una inversión complementaria de las inversiones privadas, que producen esos bienes y servicios. En este rubro, como en muchos otros, el gobierno nos ha fallado.