bienestar

Bienestar de las familias

El desempeño de la economía debe medirse a nivel de la economía familiar, en función del bienestar de sus miembros, que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de lo que disponen para satisfacer, no solo sus necesidades básicas, sino también sus gustos y deseos; para disponer, no solo de lo que necesitan sino también de lo que desean.

En una economía como la nuestra, basada en una amplísima, profundísima y complejísima división del trabajo, por la cual buena parte de los satisfactores que necesitamos fueron producidos por alguien más, siendo por ello propiedad de alguien más, la manera habitual de obtenerlos es por medio del intercambio, y una manera de medirlo es por el comportamiento de los ingresos generados, por le venta de bienes y servicios, en los establecimientos dedicados al comercio minorista.

El INEGI publicó los resultados del Índice de ingresos por suministro de bienes y servicios al por menor, para abril, con lo cual ya tenemos la información completa para el primer trimestre del año. Los datos apuntan en la dirección correcta.

En términos mensuales (comparando cada mes con el anterior) y reales (descontada la inflación), en promedio mensual durante el primer trimestre de 2017 los ingresos por la venta de bienes y servicios decrecieron 0.4 por ciento. En 2018 crecieron 0.18. En 2019 aumentaron 0.73. Sumamos dos años consecutivos con un crecimiento cada vez mayor de los ingresos por la venta de bienes y servicios y, por lo tanto, de la disposición de bienes y servicios de parte de las familias, lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que todas las familias mexicanas tengan correctamente satisfechas, por lo menos, sus necesidades básicas. Lo único que quiere decir es que aumentó su disposición de bienes y servicios, no que la misma sea ya la adecuada. En la mayoría de los casos (43.6 por ciento de la población) no lo es.

¿Qué explica este favorable comportamiento de la venta, y por lo tanto compra, de bienes y servicios?

En primer lugar, una inflación decreciente que fue, en promedio mensual, 0.75 por ciento en el primer trimestre de 2017; 0.22 entre enero y abril de 2018; 0.12 a lo largo de los primeros cuatro meses de 2019. En pocas palabas: menor pérdida en el poder adquisitivo del dinero.

En segundo lugar, un mayor aumento en el salario mínimo, y por lo tanto en los salarios contractuales, de 9.6 por ciento en 2017, de 10.4 en 2018 y de 16.2 en 2019, salvo en la frontera norte en la cual el incremento fue del 100 por ciento. En pocas palabras: más dinero disponible.

La pregunta, en un entorno de desaceleración de la economía, es hasta cuándo se mantendrá este relativamente buen comportamiento de la compra – venta de bienes y servicios, que influye en el bienestar de las familias.

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Twitter: @ArturoDammArnal

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