libre comercio

AEUMC, ¿más libre comercio?

Tiene sentido renegociar un tratado de libre de comercio si el resultado es más, no menos, libre comercio. Ya terminó la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), renombrado como Acuerdo Estados Unidos, México, Canadá (AEUMC). ¿Cuál fue el resultado? ¿Más o menos libre comercio? ¿Más o menos respeto a la libertad de los productores y exportadores? ¿Más o menos beneficio para los consumidores?

Para responder hay que tener presente que hay libre comercio en los países en los cuales son los consumidores, y solamente ellos, comprando o no, quienes determinan la composición (el qué) y el monto (el cuánto) de las importaciones, de tal manera que se importa lo que los consumidores están dispuestos a comprar y en las cantidades que están dispuestos a comprar, tanto en la compra de bienes y servicios para el consumo final (por ejemplo: automóviles), como en la compra de bienes y servicios intermedios, que se usan para la producción de bienes y servicios de consumo final (por ejemplo: acero y aluminio para la producción de automóviles), todo ello sin que el gobierno imponga condiciones, sin que limite la libertad de los agentes económico para decidir y actuar como más les convenga. El AEUMC, ¿da como resultado más libre comercio?

Para responder centro la atención en uno de los temas más importantes para México, las reglas de origen para la industria automotriz, concepto que hace referencia, no al libre comercio, sino al comercio condicionado por los gobiernos: solamente si la producción de automóviles cumple con lo estipulado por las reglas de origen habrá libre comercio, es decir, se podrá exportar hacia los Estados Unidos sin que dichas ventas sean gravadas con aranceles. ¿Qué se acordó en la materia?

En primer lugar, a lo largo de un período de transición de cinco años, que aumente el contenido regional de los automóviles producidos en la región del 62.5 al 75 por ciento, lo cual supone, no más, sino menos libre comercio. En segundo lugar, que el 40 por ciento de cada automóvil se produzca en fábricas donde el salario sea de 16 dólares por hora, lo cual supone, no más, sino menos libre comercio. En tercer lugar el “derecho” del gobierno estadounidense para imponer aranceles del 25 por ciento a la importación de automóviles, cuando la misma sea mayor a los 2.6 millones de unidades, lo cual supone, no más, sino menos libre comercio. En cuarto lugar, que las armadoras compren el 70 por ciento del acero y aluminio que utilizan en alguno de los tres países norteamericanos, lo cual supone, no más, sino menos libre comercio.

Lo bueno del AEUMC es que proporciona certidumbre: ya sabemos cuáles serán las reglas del juego. Lo malo es que, en términos generales, no habrá más libre comercio, sino, tal y como es el caso de la industria automotriz, menos, al final de cuentas en perjuicio de los consumidores.

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Twitter: @ArturoDammArnal

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