Redistribución, botón de muestra

Federico Bastiat (1801 – 1850) definió al Estado como la ficción mediante la cual todos pretenden vivir a expensas de los demás, para lo cual el Estado, que para todo efecto práctico es el gobierno en turno, debe redistribuir el ingreso, quitándole a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo es propiedad de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo, no es propiedad de Juan. A esta práctica Bastiat la llamó expoliación legal, y no por legal deja de ser injusta.

Bastiat habla de ficción porque es imposible que, por medio de la redistribución gubernamental del ingreso, todos vivan a expensas de todos. Juan, quien recibe parte del ingreso de Pedro, vive a expensas de Pedro, pero Pedro no puede vivir a expensas de Juan. La redistribución, para que sea tal, es unidireccional, de Pedro hacia Juan. Solo si la redistribución pudiera ser bidireccional, de Pedro a Juan y de Juan a Pedro, Juan podría vivir a expensas de Pedro y Pedro a expensas de Juan, lo cual es imposible. Por eso el término ficción en la definición de Bastiat.

Hoy gobernar es sinónimo de redistribuir. Basta analizar los presupuestos de egresos de los gobiernos para comprobarlo. En el caso mexicano dos terceras partes del gasto gubernamental es gasto social, es decir, redistribución del ingreso, lo cual ha creado, por todos lados, clientelas presupuestarias, grupos de interés que reciben su tajada del presupuesto, y que tienen representantes en el Congreso de la Unión encargados de conseguir una mayor rebanada. Uno de esos casos es el diputado morenista Sergio Mayer, quien busca presidir la Comisión de Cultura y Cinematografía (que probablemente se fusione con otras), respondiendo al compromiso de los legisladores de Morena para aumentar el presupuesto destinado a la cultura, mismo que saldrá del bolsillo de Pedro para ir al bolsillo de Juan, lo cual es expoliación legal.

Soy cinéfilo de hueso colorado y, como tal, estoy dispuesto a financiar, pagando el boleto en la taquilla, la producción de películas, tanto nacionales como extranjeras, pero me niego a que el gobierno me obligue, cobrándome impuestos, a entregarle parte del producto de mi trabajo para subsidiar la producción de películas mexicanas. Lo que el consumidor no está dispuesto a financiar, pagando libremente por ello, el gobierno no debe subsidiar, independientemente de qué bien o servicio se trate, y los productos culturales no son la excepción.

Como gobernar es sinónimo de redistribuir; como redistribuir crea clientelas presupuestarias; como a los políticos les conviene tener de su parte a las clientelas presupuestarias, sobre todo allí donde la democracia electoral ha degenerado en mercado electorero, la redistribución gubernamental del ingreso seguirá su curso, quitándole a Pedro para darle a Juan, practicando la expoliación legal, que no por legal deja de ser injusta.

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