Amlo el Universal

La apuesta de López Obrador para ganar en 2018

La creencia de que un líder carismático, idealista, surgido del pueblo que lucha en contra de las élites para transformar un país y llega al poder ya sea a través de una revolución, ganando una elección o por otras vías sin más apoyo que el de los ciudadanos, del hombre de a pie, de la calle, suena bonito, muy romántico, captura la imaginación de millones de personas, pero es algo que definitivamente forma parte de la ciencia ficción y no de la vida real.

Si algo demuestra la historia es que esa clase de líderes sociales logran su cometido negociando al menos con una parte de las élites dominantes. Si esa élite está unida, cohesionada, no habrá forma de penetrarla y lograr el cambio. Su poder, dinero y conservadurismo, terminarán por imponerse y hacer fracasar, a la larga, cualquier intento de rebelión, golpe de Estado, revolución o de ganar siquiera una elección.

Una película que refleja de manera interesante esa dinámica es la de “Corazón Valiente” (1995), protagonizada y producida por Mel Gibson. Basada en hechos reales (contó con la asesoría de prestigiados historiadores), narra la lucha de William Wallace, un humilde campesino nacido en Escocia durante la Edad Media (siglo XIV) que puso literalmente de cabeza a la Corona británica. Estuvo a punto de hacerla caer y lograr la independencia para su país.

Pero en algún momento, Wallace se da cuenta que tiene que negociar con las élites escocesas porque sin ese apoyo, está condenado al fracaso, a pesar del entusiasmo popular que logró despertar para su causa. Los hombres más poderosos de Escocia negocian con él y aparentemente le brindan ayuda, acudiendo con sus armas a librar una batalla decisiva.

Sin embargo, y de forma repentina, justo en el momento en que los soldados de William inician el combate embistiendo a las tropas inglesas, las élites se dan la vuelta, emprenden la retirada de su ejército y lo abandonan. Wallace es capturado y ejecutado en una plaza pública de Londres. Esas élites escocesas que no querían la independencia, habían negociado con las élites inglesas para emboscarlo, lograr su derrota definitiva y sacudirse la amenaza.

La enseñanza es clara: sin el apoyo de al menos una parte de gente poderosa, es prácticamente imposible alcanzar la meta. “¿Cómo te atreves a sacar conclusiones generales basándote en una película?, estás exagerando”, podría pensar usted amigo lector, pero no, ejemplos hay miles.

Tan sólo por mencionar algunos: Espartaco, el esclavo que estuvo a punto de hacer caer al Imperio Romano en su etapa de auge, finalmente fue capturado y asesinado por las élites que estaban aliadas en su contra. Y también el caso inverso: líderes como Fidel Castro que contó con el apoyo incluso del gobierno mexicano al permitirle realizar sus entrenamientos en territorio nacional para preparar la revolución cubana, despejan a mi parecer, cualquier duda respecto a la importancia de contar con el apoyo de al menos una parte de los grupos dominantes para alcanzar el triunfo.

Todo esto viene a colación porque si Andrés Manuel López Obrador no logró llegar a la Presidencia en las elecciones de 2006 y 2012, en buena medida, en mi opinión, fue porque las élites estaban fuertemente cohesionadas y utilizaron todos los recursos a su alcance para impedir su llegada a Los Pinos.

Elba Esther Gordillo, la entonces líder del poderoso sindicato de maestros, el SNTE (y de quién se aseguraba en aquél entonces tenía además el control del IFE), al movilizar a alrededor de 1 millón 400 mil votantes, hizo la pequeña diferencia de menos de 250 mil votos para hacer ganar a Felipe Calderón en el 2006. Sin embargo, Gordillo había ofrecido ese apoyo primero a AMLO quién se negó siquiera a recibirla. No pactó con una parte de la élite dominante.

Pero las cosas han cambiado. Y vaya de qué manera: AMLO dio un giro crucial en su estrategia. Está infiltrando, negociando con las élites y ya cuenta con el apoyo de una parte de ellas.

Los dos casos más visibles y poderosos son los de Carlos Slim, el magnate de TELMEX, accionista de The Wall Street Journal, quién a mi parecer está resentido con el Gobierno de Enrique Peña Nieto, debido a la Reforma en Telecomunicaciones que al aumentar la competencia mermó su fortuna, y el de Alfonso Romo, quién en la portada de la revista Mundo Ejecutivo del mes de mayo de 2017, aparece su foto con la leyenda: “MÉXICO NO DEBE EQUIVOCARSE EN 2018…ya coordina la campaña política de AMLO a la Presidencia”.

De año y medio para acá, en charlas privadas, informales, que he tenido con destacados líderes del PRI, PAN y PRD, me han dicho: “No estamos dispuestos a permitir, por ningún motivo, que el populismo llegue al poder en México”. “¿Qué están ustedes dispuestos a hacer? ¿Hasta dónde serían capaces de llegar?”, les pregunto, ya la respuesta es: “si el peligro es grande, inminente, somos capaces de formar una alianza formal o de facto para impedirlo”.

“Todos contra López Obrador”, parece ser la consigna.

Pero les quiero decir a esas élites que hay malas noticias: AMLO ya fracturó, ya negoció y ya se infiltró. Sus posibilidades de ganar por lo tanto, aumentan para 2018. En términos coloquiales, “aguas con El Peje” (como algunos de ustedes le dicen) porque les va a pegar un susto si no logran cerrar filas, unirse, cohesionarse. Ahí viene “el coco” señores…y viene con fuerza. Con el apoyo de una parte de los poderosos. De los que dictan las reglas del juego en este país.

Twitter: @ericktvazteca 

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