Más allá del folclor que se vive en las campañas presidenciales, exhibido en las estrategias de difamación, campañas negras, acusaciones y todas las fantasías que surgen respecto a los candidatos, así como las fake news, las declaraciones falseadas, las fotos truqueadas y toda la barbarie que alimenta nuestra muy débil y manipulada democracia, hay un punto nodal que debe ser tomado en serio y al que Andrés Manuel debe responder de cara a la sociedad mexicana.

Al margen de las declaraciones hechas con el estómago y producto del enojo por agresiones jurídicas e intentos de sacarlo de la contienda en estos doce años, necesitamos conocer su postura verdadera respecto a las instituciones del Estado Mexicano y que esta definición derive en compromisos. 

Debemos entender que a lo largo de doce años ha habido ocurrencias, declaraciones de alto impacto y toda suerte de frases que hoy persiguen a AMLO. El escándalo verbal que él desata con declaraciones polémicas le ha mantenido vigente en la prensa aunque no tenga un cargo público y le permite hacer campaña muy a pesar de que no se le quieran dar espacios mediáticos.

López Obrador ha impuesto la agenda mediática a lo largo de doce años cada vez que lo ha pretendido, con frases cursis algunas veces, ingenuas otras, pero incendiarias la mayoría. La controversia ha sido su mejor herramienta de promoción. Amado por unos, odiado por otros, pero imposible ignorarle.

Sin embargo, la frase que le da identidad a Andrés Manuel y se recuerda como fundamental es aquella en la que explota diciendo “al diablo con las instituciones”, lo que fue interpretado como darles la espalda y restarles autoridad.

Debemos destacar que gobernar sin instituciones, al viejo estilo caudillista, es caer en la tentación de una dictadura, pues significa tomar decisiones unipersonales.

Por otra parte, gobernar partiendo de la simulación, manipulando a las instituciones, es un engaño inadmisible pues genera impunidad y estimula la corrupción.

No es posible combatir la corrupción, como plantea López Obrador, si no es a través del respaldo de las instituciones. Cuando se persigue la corrupción siguiendo criterios personales de quien gobierna, se corre el riesgo de convertir todo en una vendetta y en venganza contra los enemigos y opositores y generar un entorno de impunidad respecto a familiares y amigos.

Andrés Manuel debe explicarnos cual sería su relación con las instituciones de llegar a la presidencia de la república.

Las instituciones son el único camino posible para combatir la corrupción de verdad, sin simulaciones.

Las ambiciones personales siempre han movido a la sociedad y generan inequidad, pues benefician a quienes tienen poder y convierten en víctimas a la gente vulnerable. Eso ha sucedido en todo el mundo.

Sin embargo los países que han evolucionado, generando mejor calidad de vida para todos, paz social, certidumbre, que han reducido la pobreza y tienen un marco de legalidad, son los que han transferido todas las decisiones a las instituciones y no se han guiado por las ideas personales de quien gobierna.

Escuchando a López Obrador declarar que de llegar a la presidencia pugnará por eliminar las reformas educativa y energética, las cuales fueron planteadas y desarrolladas en el Congreso por el Poder Legislativo, que es una institución independiente del Poder Ejecutivo, que está encabezado por el presidente de la república, nos enfrentamos a un tema fundamental: ¿la presidencia de la república respetará las decisiones de los otros dos poderes de la nación?.

Lo que necesita México es perfeccionar las instituciones para que respondan a las necesidades sociales.

La experiencia de lo que ha sucedido en Estados Unidos con un presidente que pretende que el país responda a sus ideas personales, ha derivado en grandes conflictos. Es la fortaleza de las instituciones norteamericanas y la cultura de respeto a las instituciones, lo que ha frenado y ha puesto límites a las exigencias de Donald Trump.

En nuestro país, con instituciones vulnerables como las que tenemos, la llegada de un presidente voluntarioso e impositivo significaría el riesgo de regresar al presidencialismo clásico que ya habíamos superado desde la elección del año 2000, modelo que pone todas las decisiones en manos del presidente y las instituciones se convierten en comparsa que simplemente avala y legitima las decisiones presidenciales.

En entrevista televisiva de este 21 de marzo Andrés Manuel declaró a un grupo de periodistas conformado por Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, Carlos Puig, Jesús Silva Herzog, Juan Pablo Becerra y Azucena Arouesty, declaró hasta el cansancio que hará consultas continuas para conocer el sentir del pueblo respecto a las dos reformas que desea derogar y así tomar las decisiones, pero a la pregunta respecto a la mecánica para el nombramiento del fiscal que debe encabezar la Fiscalía General de la República, declaró que tendría que definirse a partir de una terna que él propondría, pues desconfía del concepto de sociedad civil.

¿Entonces?... ¿Qué diferencia hay entre un concepto de sociedad y el otro?

Hay muchas dudas flotando en el ambiente respecto a las verdaderas intenciones de López Obrador.

¿Cuáles declaraciones responden a las promesas populistas necesarias para ganar el voto y cuáles son las verdaderas intenciones que guiarían sus decisiones como presidente?. Sólo Andrés Manuel las puede aclarar y urge que lo haga congruentemente.

 

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